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miércoles, 27 de diciembre de 2017

Estoy de vuelta. ¡ Transgrancanaria Advanced 2018 con más ganas que nunca!

 

¡2014! Hace ya casi 4 años de la última vez que crucé la meta de la Transgrancanaria. Fue en el Faro de Maspalomas, aquel año ganó Ryan Sandes y la carrera estaba patrocinada por The North Face.
Mucho ha cambiado la Trans y el mundo del trail desde entonces, y eso que ya hace 4 años el mundo del trail no era como allá por 2008, cuando tomé la salida en mi primera participación en la que hoy es una de las carreras por montaña más importantes del mundo.



Lo mejor es que nunca he tenido que dejar de participar y, sobre todo, que es la carrera de casa, la de mi isla, lo que me convierte en uno de los corredores de montaña más afortunados del mundo: no tengo que viajar largas distancias ni volverme loco con los traslados, alojamientos, etc para poder participar en ella.

Como contaba al principio, la última vez que pude cruzar la meta de la Transgrancanaria fue en 2014. En 2015, la calima (polvo en suspensión) que había en el aire y el haber pasado una semana previa a la carrera con una fuerte afección pulmonar, me impidió disfrutar ni siquiera de un sólo metro de la carrera, viéndome abocado a abandonar en Artenara, por no hacerlo en Altavista, obligando a la organización a evacuarme.
En 2016, un error mío (que descubriría al año siguiente) en la elección del calzado tuvo como consecuencia mi retirada en el avituallamiento de El Garañón con un insoportable dolor en los metatarsos.
Este año, en 2017, la organización creó una nueva modalidad de carrera, adoptando (copiando, si lo prefieres - pero lo bueno hay que copiarlo, si no, todos tendríamos las mismas cosas) el concepto de la PTL del Ultra Trail du Mont Blanc: una carrera en autosuficiencia, sin balizamiento, con el recorrido publicado a tan sólo 10 días previos a la salida y la necesidad de poseer conocimientos de montañismo, orientación, gestión del sueño y de la energía y, sobre todo, saber cómo moverse por un terreno hostil como es la montaña en condiciones meteorológicas cambiantes con la única ayuda del GPS, mapas, brújula y, por qué no asumirlo, la propia intuición montañera proporcionada por la experiencia.
De mis experiencias en la 360º, nombre que tiene esta nueva modalidad de la Trans, ya hablaré más adelante (prometido), porque aún me encuentro intentando que o bien el seguro de la Licencia Federativa o la organización me reembolsen de alguna manera los 76€ de la factura del Servicio Canario de Salud que tuve que pagar por una, afortunadamente, simplísima y casi nefasta asistencia médica en el Centro de Salud de Guía, centro sanitario al que el jefe del puesto de control de la carrera indicó que me llevaran, a pesar de ver en el listado (intuyo) que yo estoy federado y, además, con Arista, club íntimamente ligado a la empresa Arista Eventos, organizadora de la carrera. De momento, ni la organización ha terminado de pronunciarse sobre su parte de responsabilidad, ni el seguro ha terminado de entender que, después de 133km y 48h casi sin dormir, yo no me encontraba en las condiciones necesarias como para acertar a indicar que estaba federado y que la factura se la tenían que enviar al seguro de la Licencia Federativa. Todo se andará, estamos "en negociaciones". Lo dicho, cuando por fin termine todo este asunto de la factura, ya escribiré largo y tendido de mi experiencia en la 360º.

De momento, dejo atrás ya el 2017 con los ojos mirando fijamente al 2018 y los años que vendrán, espero, con más kilómetros, más montañas, más carreras y más alegrías. Y esto lo hago ya a mis 42 años, comprometido con un plan de entrenamiento y dieta específica, haciendo verdaderos sacrificios tanto en las comidas de empresa y amigos, como en las reuniones familiares de navidad, procurando no aumentar de peso ahora que estoy quitándome kilos y mejorando mi condición física.


¿El objetivo? Por supuesto, cruzar de nuevo la meta de la Transgrancanaria con diginidad (como dice mi amigo Carlos Ultrarun), esta vez en la distancia Advanced que, en 2018, tendrá 64km y, sobre el papel, 3200 metros de desnivel positivo acumulado.
Para poder volver a disfrutar de la carrera, incluso sufriendo, me he puesto en manos de un muy buen amigo que sabe mucho de esto y con el que he vuelto a sentir mejoría física, mejoría de rendimiento; su asesoramiento y dirección en cuanto a dieta y entrenos me ha devuelto las ganas de echarme al monte a correr, de volver a fijarme metas mayores como volver a intentar completar el Tor Des Geants, TDS y quién sabe qué otras metas volveré a cruzar con la ayuda y compañía de mis amigos Sergio, Juan Carlos, Alcides, Gregorio, Ariel, Laure, Vissen, Goyo, Pino y Juan y de mi familia, mi primo Acaymo, mi hija Alyssa y mi pareja, Saro.

De momento, ya he conseguido mejorar en 25' mi tiempo en ayuna de hidratos de carbono desde Artenara hasta Tejeda y mis sensaciones hasta Tunte. Quienes ya han leído alguno de mis artículos anteriores, sabrán que me gusta mucho, muchísimo, reconocer el recorrido de una carrera antes de participar en ella: lo he hecho en todas mis participaciones en la Trans menos en la del 2017 (por límite de tiempo) y, sobre todo, antes de mi participación en mi primer UTMB en 2011, recorriendo toda la ruta en 8 días con el mochilón de 15kg en la espalda; como también lo hice recorriendo la ruta del LUT (Lavaredo Ultra Trail) en 2013, justo una semana antes de mi 2º UTMB y un año antes de participar en la carrera dolomítica.

¿Mi objetivo de tiempo para la Advanced?
Veamos, vamos a ser realistas, al maestro Yera sólo lo podré ver minutos antes de la salida, al igual que a los "bombas" que irán a intentar llevarse la 1ª posición, Jordi Gamito, Esteban, Efrén, Alex Fraguela, etc, etc. También habrá que tener en cuenta que, a menos de 1km de la salida, el sendero se estrecha y se van a formar tapones que habrá que sortear como se pueda y con cuidado porque por un lado hay una caída vertical de varios cientos de metros (y volver a recorrer el camino después de caerse esa altura es un coñazo). Por ello, tengo varios planes, como siempre:
  • Acabar en 9h o menos
  • Acabar en 10h o menos
  • Acabar. Ni más, ni menos.
Sólo quiero llegar al Barranco de los Vicentillos con piernas para hacer de tractor 😉, y disfrutar, por fin, de una entrada en meta, con lágrimas en los ojos y los brazos en alto; ver a mis amigos en la meta y fundirnos en un abrazo, orgullosos de haber hecho bien los deberes.

Sobre el asunto del material, próximamente publicaré un artículo sobre lo que yo voy a llevar, ya que soy un "corredor del montón", como casi todos, que no puede permitirse material tope de gama, ultralight, ultra-comprimible y tengo que ir con una mochila que pesará unos 2kg con el agua y todo. Pero eso es otro artículo que vendrá con fotos y novedades (ya que mi Garmin Foretrex petó del susto al meterle el track de la 360º el año pasado 😂😂😂).

A quienes sigan por aquí, muchísimas gracias por darme ganas de volver a escribir. A quienes se fueron de este blog, pues lo siento mucho, en serio. Espero que un día vuelvan a leer algo de lo que por aquí escribo y, al menos, aparezca una sonrisa de esas que tanta falta nos hace últimamente en este mundillo del trail y en la vida en general. A quienes se puedan sentir molestos por lo que aquí escribo, pues "quien se pica es porque ajos come", nada de lo que he escrito es mentira y si la verdad duele, es porque es verdad. A mi edad, con lo vivido en la montaña y, teniendo permanentemente en la memoria a quienes ya no se encuentran entre nosotros... si mis palabras te duelen, ponte pomada y abróchate el cinturón que vienen curvas.

martes, 19 de mayo de 2015

The North Face Transgrancanaria 2015 - dos carreras en una

La Transgrancanaria 2015 comenzó para mí justo al cruzar la meta de la edición 2014. Sabía perfectamente que podría prepararme mejor y terminar la Trans en menos de 24h.

A partir de entonces, dediqué mis entrenamientos a un único objetivo: terminar la Trans 2015 en menos de un día.

2015 llegó, dejé atrás un esguince de tobillo, varias carreras en mi tierra, un mejor tiempo personal en Artenara Trail y un Lavaredo Ultra Trail.

La semana antes de la trans, ya andaba yo deseando que llegara el día de la carrera. Estaba realmente harto de entrenar, no me malinterpreten, me encanta reunirme con Sergio y Juan Carlos para dejarnos las patas por la montaña, simplemente, quería ponerme el dorsal y correr. Justo el fin de semana anterior, decido que quiero pasar ese fin de semana en El Garañón, en altitud. El viernes, subimos a la cumbre y ya noto que me empieza a picar la garganta y noto que la rinitis va a acompañarme en ese finde. En la cena, conocemos a Jordi Gamito, que venía de hacer un 5º en los 100K de Hong Kong y que ya estaba en la isla preparando la carrera. Mis sospechas al respecto del picor de garganta se vieron desgraciadamente confirmadas el sábado por la mañana. No me podía levantar de la cama, pasé la noche sudando y temblando, tenía fiebre y me mareaba al levantarme. El equipo de televisión que iba a grabar el programa de EuroSport iba a venir a hacerme una entrevista (también querían sacar a un corredor "del montón", pero con experiencia y yo cumplía con el perfil) y no podía casi ponerme en pie. Cuando decidí que teníamos que ir a buscar medicinas de verdad a la farmacia de Tunte, salimos de la cabaña y, de camino al coche, vemos a dos chicos que se nos quedan mirando mientras sacaban un montón de equipo de grabación de su coche. Les pregunté si eran ellos y sí, y además el entrevistador también tenía fiebre. Ante aquel panorama me dí cuenta de que, si ellos también se habían levantado de la cama y habían conducido hasta allí arriba, tenía que hacer la entrevista. Total, eran sólo 10 minutos. El final, no quedó tan mal.



El domingo ya me encontré mucho mejor y pude incluso ir a entrenar un poco con Jordi Gamito y con el canadiense, nacido en Reunión, Florent Bougin, un "pro" de The North Face Canadá.Me los llevé a l talayón y allí mismo me dí cuenta de que estos tipos corren en otra liga; iban como tiros, no dejaban de trotar por toda la subida. Yo bastante tenía con la tos que no me dejaba proseguir. Esta tos tendría mucho que ver en el resultado de mi Transgrancanaria, menos de una semana después.

Pasé toda la semana tosiendo sin parar, medicándome sin meterme antibióticos porque sé el resultado que tendría en mi carrera. En este punto, ya debería haberme olvidado de mi primer plan y volver al de ser finisher.

El día de la carrera
Desperté con ilusión, como un niño (y, reconózcanlo, como todos nosotros) el día de navidad o de reyes. Por fin llegaba el día en el que competir contra el reloj, contra la climatología y contra uno mismo con uno mismo. Durante la semana, ya me habían avisado de que se preveía calima para el día de la carrera.
El amigo Juan Carlos me recogió alrededor de las 10 de la noche, con el gran Alcides y su pareja, que le iban a hacer las asistencias. Llegamos a Agaete y ya se notaba el viento y alguna que otra ráfaga de aire caliente. Saludamos a toda la peña, nos reencontramos con Adolfo Suárez (juro que se llama así), un corredor con un corazón de acero que fue a ver la salida al Puerto de Las Nieves. Yo ya me había recuperado algo durante la semana, pero aún tenía algo de tos y los pulmones muy castigados. Nos situamos en la línea de salida y el gran Depa presenta a los "pros" que han venido desde todo el mundo a correr.

Comienza la cuenta atrás, 10, 9, 8... con las manos compruebo que tengo todo bien colocado, llevo los bastones en la mochila porque sé que no los voy a utilizar hasta llegar a Tirma, 4, 3, 2, 1... arribaaaa!! Salimos trotando y los de delante salen como si estuvieran corriendo una San Silvestre. La peña está muy loca. Al trote, llegamos a la casa de los huevos y empezamos a ascender hacia la carretera. Como yo sé la semana que he pasado, decido ir a mi ritmo, despacito, calentando el motor del tractor, ya habrá momentos por delante para dar felpa. Cojo un carril por la izquierda y dejo que todo el mundo me vaya adelantando. Llegamos a la carretera de la Aldea, cruzamos y comienza la ascensión hacia Berbique por la pista de tierra. De momento, todo bien, pero noto que los pulmones no se llenan del todo. Hum... chungo.

Termina la pista de tierra y empieza el sendero hacia el Lomo del Manco, bien, no puedo llenar los pulmones, pero miro el reloj y los tiempos van bien, a ritmo normal, todo controlado. Llego al cortado de la virgen en 45 minutos, (pienso "chachi, eso significa unos 55 minutos más o menos en Berbique") y subo tranquilo. En las zonas donde pega el viento, viene con algo de arena; en las zonas azocadas, por el contrario, aumenta la temperatura y es medianoche. Llego a Berbique, increíble, hay gente en la era, esperándonos y animando. ¡Qué grandes, han subido hasta aquí arriba para animarnos! ¡¡Gracias!! Me acerco a chocarles las manos y me lo agradecen ¡¡Vamos, ese Arista!!

Comienza la ascensión del Camino de los Romeros hacia Tamadaba. Los pulmones no trabajan bien y me tengo que parar un par de veces a intentar llenarlos. Nada, no hay nada que hacer, no se llenan ni forzando. Comienzo a toser un poco. Me tranquilizo a mi mismo modificando mi ritmo, hay zonas en las que sé que puedo trotar, pero hoy no es el día. Camino procurando no pararme, pero tengo que coger aire. Aún así, llego a los carteles en 1h 40' y me sorprendo a mí mismo. Esperaba hacer un poco más, teniendo en cuenta el ritmo al que he subido, pero no está mal. Me tengo que parar en los carteles para coger aire, tomar un trago de un gel y algo de agua. Además, por la hora que es, toca pirula de sales, la de BCAA me la tomaré antes de la bajada a Tirma. En el pinar, troto algo, para no perder comba y llego a las rampas empedradas, ya estoy en la carretera, 2h, perfecto. Todo bien, controlando el ritmo. En el avituallamiento, no tardo ni 2 minutos, cogo chocolate, trozos de naranjas, relleno agua en un bidón, saco la taza, bebo algo de cola y me despido, salgo del avituallamiento y, a medida que progreso por la carretera que va hacia las casas forestales, noto el aire caliente con tierra. Poco después veo a David, uno de los organizadores de la carrera, y me acerco a saludarlo ¡Ya decía yo que no lo había visto en la salida!

Comienza la bajada hacia Tirma, el camino está muy seco, me encuentro con el gran Víctor Luis de Pedro Goiri, que va a buen ritmo, tractoril, como el mío, y me dice que pase yo delante, que él se tiene que parar un momento. Sigo bajando y parece que los pulmones se recuperan un poco porque puedo acelerar el paso. Me divierto, adelanto a corredores y me engancho a un grupo que baja a mi ritmo. Uno de ellos me pregunta si quiero adelantar, pero como tampoco voy más rápido que él, le digo que no. Como el descenso es muy polvoriento y han pasado por allí varios cientos de corredores antes que nosotros, se nos mete tierra en los ojos y en la boca. Utilizo el Buff y me protejo. Bastante perjudicados tengo los bronquios, después de pasar una semana y pico tosiendo, como para dejar que me entre más tierra. ¡Iluso de mí, no sabía lo que me esperaba más adelante!

El sendero hacia Tirma es a veces técnico y a veces rápido. Llego al fondo de un barranco, después de pasar la zona de las cuerdas, y empiezo la subida, los pulmones me vuelven a dar la lata. Llegando al Caserío de Tirma, oigo por detrás de mí una voz conocida. Miro para detrás y veo a Sandra Moreno, que viene al trote con otra chica. Me preguntan que qué tal y les digo la verdad, no es mi día, al golpito. Me adelantan y les intento seguir el paso, pero es imposible, empiezo a sibilar, los bronquios se me cierran por culpa de la calima. Llego a Tirma, cojo agua y meto un sobre de Recupelix de Vainilla, frutos secos y saco mi sandwich de Nocilla (sí, Nocilla, nada de Nutella, que si en Italia no compran producto español, yo en España no tengo por qué comprar producto italiano cuando aquí ya tenemos el propio).

Empiezo a comer el sandwich y me rindo ante el sabor del chocolate y la avellana, ¡Riquísimo! Le meto un buche al bidon de Recupelix y flipo con el sabor a vainilla del recuperador, dejando atrás la desagradable experiencia de Lavaredo, donde la lata se calentó en el coche y agrió el producto, haciéndolo imposible de tomar en la carrera. Pero hoy no, hoy el Recupelix estaba como siempre, perfecto y delicioso. Pensé incluso en pararme a comer con tranquilidad, sabiendo que delante tenía un cuestón corto, pero con pendientes muy duras. Me termino la comida y justo a la entrada del sendero, saco los bastones de los enganches de la mochila Grivel y "a paso tractor" comienzo la ascensión hacia Altavista. La pendiente es dura, pero como en el Training Camp de Arista en enero pudimos entrenar esa zona, la tenía fresca en la memoria. Mirando al suelo y sin parar de avanzar, llego a la pista de tierra y me meto un buche de agua y mastico la pastilla de BCAA que no me tomé en Tamadaba. De momento, la ascensión va bien para mi estado de salud. He dejado de toser, pero los pulmones siguen imposibles de llenar.

El camino de ascensión a la degollada sale a la izquierda y yo continúo con mi ritmo. El aire cada vez está más cargado de tierra. Miro hacia Tamadaba para ver si se ve todavía bajar algún frontal y desde la mitad del Risco Faneque hacia abajo no se ve nada de nada, hay una nube de calima que lo tapa todo. Al poco, me mareo por la cerrazón de los bronquios y me siento un momento en una piedra. Uff, sólo quiero llegar a Altavista y corretear como pueda hasta Artenara. Me adelanta un corredor y me anima. Retomo el camino y bajo el ritmo, como hice en el Kili, para asegurar la progresión. Lento, pero seguro.

Cuando llego a la degollada el viento trae tanta tierra que parece niebla a la luz del frontal. Se ve venir incluso los granos de arena, que se meten en los ojos y en la garganta. aunque hay Luna llena, no se adivina el perfil de la isla. Lástima, hubiera sido grandioso ver la isla iluminada por la Luna en plena noche. Me adentro en el bosque en dirección a Altavista y me empiezo a encontrar muy débil. He vuelto a toser y los bronquios no me dejan avanzar tranquilo más de un kilómetro sin obligarme a parar para recuperar el aliento. Finalmente, en pleno zig-zag de ascensión final a Altavista, se me mueve la montaña y me tengo que sentar a los pies de un pino. Bebo agua con Hydrixir de menta, hago gárgaras, busco un gel antioxidante de Overstim·s con sabor eucalipto que me ayuda a abrir los bronquios un poco y me refresca la garganta. Mojo el Buff con agua, porque estaba completamente seco aunque lo llevara al cuello y me lo pongo delante de la boca. Por fin, llego a la Degollada de las Lajas del Jabón, pero me cuesta avanzar.

Estoy muy débil, mareado y me cuesta respirar; por el camino, adelanto a una chica y le pregunto en inglés qué tal lo lleva y me dice que está muy mal, mareada y que anda con diarreas y que ha vomitado todo lo que ha comido; miro su dorsal y veo que es alemana, Julia, aunque habla un inglés extraordinariamente correcto (para una alemana), me dice que va a abandonar y le digo que bienvenida al club, que yo no puedo casi respirar por mi alergia al polvo y que también ando muy desfallecido, cuando me dispongo a dejarla atrás, me pregunta que si podemos ir juntos, ya que ambos vamos a abandonar y le digo que sí. Intento que aceleremos el ritmo "por si acaso", pero tiene que pararse varias veces a echar el demonio por la boca. Yo, en las cortas rampas del sendero también debo parar porque mis bronquios han vuelto a cerrarse. Lo tengo claro, el lunes tengo que ir a trabajar y yo pago por correr, esto es un hobby y no me lo estoy pasando nada bien. No quiero comprometer una bronquitis por una carrera, aunque sea mi carrera preferida. Nuestra progresión es bastante lenta y alcanzamos el control sorpresa de "Altavista", donde me llevo la segunda sorpresa, mi amigo montañero Hugo, que es quien nos valida el paso con el lector de chips.

Continuamos en dirección hacia Artenara, pero nuestra velocidad es "de risa"; nos tenemos que parar a cada momento porque Julia está muy desfallecida, paradas que yo agradezco porque no puedo respirar bien y las sibilancias son cada vez más fuertes. Los bronquios me impiden incluso caminar rápido. Se nos hace de día en plena subida al Brezo. Miro el reloj. Increíble, a estas horas, en circunstancias normales, yo debería estar en Fontanales o de camino a Valsendero. Pero hoy no es mi día. Si ha habido un día en todo este año desde la Trans de 2014 en el que yo no debería estar en la montaña, ese día era hoy. La tierra de la calima puede masticarse. Finalmente, llegamos a la cima del Brezo y comenzamos el descenso. Miramos el reloj y vemos que, aparte de abandonar, es que vamos a llegar fuera de control. Hay una familia que está esperando a una corredora y oímos unos pasos corriendo detrás de nosotros. La corredora nos adelanta y la familia en cuestión le dice que tiene dos minutos para entrar en meta. No hay nada como llevar el reloj adelantado, según mi reloj, ya estábamos fuera. Por detrás volvímos a oir una carrera y vemos a un corredor que baja la cuesta de asfalto como un tiro para llegar a meta tiempo. Nos pregunta que cuánto tiempo le falta para el cierre y le digo que un minuto, pero que no se pare ni subiendo. Cuando el tipo llega a la rotonda, gira a la derecha y le tenemos que pegar un buen par de gritos para que volviera y se dirigiera al camino correcto. Al llegar nosotros a la rotonda, vemos que el suelo está plagado de flechas que apuntaban a la dirección correcta y nos reímos, aquel iba ciego perdido.

Nos encaminamos hacia la plaza de Artenara, sabiendo que son nuestros últimos metros en carrera. Ya no me importa ni el tiempo, ni nada, sólo quiero que me lleven a la meta y meterme bajo la ducha. Estoy totalmente exhausto y me cuesta respirar. Al llegar a Artenara, le digo al del control que queremos abandonar y él nos responde que, en realidad, estamos fuera de control. Le respondo que elija la opción que más le guste, pero que yo no puedo más. Le preguntamos que cómo nos lleva la organización a meta y nos comenta que nos suben en un minibus hasta El Garañón y, desde allí, en las guaguas de la organización, nos llevan hasta Meloneras. La cosa es que las guaguas en cuestión son las que previamente habrán llevado a los corredores de la TransMaratón hasta su línea de salida y entre los participantes está Sarito. No me hace gracia que Saro sepa que he abandonado porque sé que se preocuparía durante toda la carrera. Entretanto, Julia ha llamado a unos amigos que han decidido coger el coche y recogerla. Me propone que me pueden llevar hasta la línea de meta y lo agradezco.

Nos recogen, me dejan en la rotonda que hay junto al hotel Baobab y paso el resto del día, de pie, disfrutando con la llegada de los primeros de la carrera, animando a mis amiguetes recién conocidos, Jordi Gamito y Florent, animando a mi primo Acaymo en sus últimos metros antes de meta y animando a Sarito.

Acaba el día, de noche. Nos vamos al coche y a casa de un amigo a ducharnos. En la ducha, vuelvo a toser y lo que sale es sangre. Me asusto. Al preguntar a una médico, me tranquiliza. Llevo casi dos semanas sin parar de toser y con mucha muchosidad en los bronquios, además de toda la tierra que he tragado en 24 horas. De la misma manera que sucede cuando uno se suena la nariz con fuerza, también en los bronquios pueden romperse capilares y salir la flema con sangre.

Y así acabó una Transgrancanaria a la que fui con muchísimas ilusiones y súper preparado (para mi nivel) y en la que no pude disfrutar casi nada. Dos carreras en una, la de la ilusión y la preparación, y la de la asfixia y la alergia ¡A por la del 2016!

Pero antes... ¡A por el Tor Des Geants!

jueves, 10 de abril de 2014

The North Face® Lavaredo Ultra Trail 2014, El sueño DoloMítico

Un "tuneado Tre Cime" al postre del Rifugio Lavaredo (Photo: ©DanielQuintanaSantana)


Es cierto que en el momento de escribir este post me encuentro en "dique seco", en reparación, vamos. Pero eso también me proporciona una visión no tan acelerada de mi proyecto para este año. Es verdad también que mi progresión comenzaba a ser la necesaria para llegar a Cortina d'Ampezzo en un punto de forma óptimo para enfrentarme a los Dolomitas con garantías de que me saliera una buena carrera, pero también es verdad que las carreras se empiezan con las piernas y se terminan con la cabeza.

Por una vez no quiero pensar en la hora a la que podría llegar a meta. La salida se da a las 23:00 del viernes 27 de junio y el límite horario son las 6 de la mañana del domingo 29 de junio. Por tanto, tengo 31 horas para regresar a la Plaza de la Iglesia de Cortina, después de dar una vueltecita por la zona.

Le Tre Cime di Lavaredo (Photo: ©DanielQuintanaSantana)

Llevo pensando en esta carrera (en el LUT, sencillamente, no sólo en la edición de este año) desde hace mucho tiempo. Los Dolomitas son, para un aficionado a la montaña, al ciclismo y a la historia, como lo soy yo, un hito que quiero tener en mi "historial correril". De la misma manera que quiero correr por los Pirineos y otras cordilleras míticas. El hombre propone... y la vida dispone.

El recorrido, sobre el papel, no aparenta tan duro como una Transgrancanaria. Sobre el papel. Veamos el mapa y el perfil:
(Fuente: www.ultratrail.it)

A simple vista, según los datos de la web oficial www.ultratrail.it, son 119km con un desnivel positivo acumulado de 5.850m+, lo que puede llegar a engañar a los corredores que hayan corrido la Trans de 2013, que también tenía 119km y 7500m+. No obstante, de esa distancia, he tenido la suerte de haber recorrido con Sarito el tramo que va desde Lago Misurina, Rifugio Auronzo, Rifugio Lavaredo, Forcella Lavaredo, Lago di Landro, Cimabanche, Forc. Lerosa, Malga Ra Stua, Val di Travenanzes, Forc. dei Bos y, desde el refugio di Croda da Lago, el descenso final hasta Cortina d'Ampezzo. Lo que la experiencia sobre el terreno me permite decir es que la carrera será dura. Muy dura. Recuerdo con especial "cariño" la ascensión desde el Lago Misurina hasta el Rifugio Auronzo. Intentaré que me amanezca cerca de Misurina, porque esa ascensión con calor puede ser brutal. 

Lago Misurina (Photo: ©DanielQuintanaSantana)

La ascensión desde Cimabanche hasta la Forcella Lerosa engaña. Mucho. A mí me costó horrores (sí, lo sé, con una mochila de 15kg a la espalda), pero es que en esa jornada de senderismo, Sarito y yo salimos desde el Rifugio Lavaredo, lo que significa que no habíamos subido casi nada, sólo hasta la Forc. Lavaredo, el esto había sido todo bajada y "llano" desde el Lago di Landro hasta Cimabanche. Por cierto, amiguetes bajadores, el descenso desde la Forcella Lavaredo es brutal, pero tengan mucho ojo en los metros posteriores al cruce con el Rifugio Locatelli, porque el sendero tiene miga.

Veamos el valle por el que se desciende:
Sí, eso era mi barriga ¬¬. (Photo: ©DanielQuintanaSantana)
El Valle de Travenanzes (abajo) es un museo "all'aperto" de la Primera Guerra Mundial. Hay un par de pasos complicados por culpa de los derrumbes y, después de este invierno (aún están esquiando por allí) a saber cómo quedarán los senderos. 

Entrando en el Valle de Travenanzes (Photo: ©DanielQuintanaSantana)


El ascenso desde Col Gallina hasta el Rifugio Averau no lo conozco. Nosotros subimos desde el Passo Falzarego hasta el Rif. Averau por el Sentiero 441 (técnico, que lo sepan!) y en la carrera se llega por el 440, entre un bosque. Desde el Rifiguo Averau hasta la Forcella Giau y Forec. Ambrizzola, no tengo ni idea de cómo es, pero el perfil no deja lugar a dudas. El resto sí me lo conozco porque desde la última forcella hasta el refugio Croda da Lago (regentado por el Club Alpino Italiano) se ve todo el camino y desde el Lago di Fèdera (Croda da Lago) hasta meta sí lo conozco: una bajada tremenda, primero por sendero y luego por pistas, para terminar por asfalto. Como remate final, tras cruzar el río, subidita fuerte por dos calles hasta llegar a meta.

Un aviso a navegantes, sobre todo a aquellos que hayan participado, de alguna manera, en el UTMB®: Cortina d'Ampezzo no es Chamonix. No hay ambiente montañero como el de allí. Cortina d'Ampezzo es una localidad... "pija". Como muestra, un botón: aquí os presento un taxi de Cortina (y sí, es lo que parece):
Sí, es un Subaru Impreza WRX STI y sí, es un taxi (Photo: ©DanielQuintanaSantana)
Así que, ojito con el dinero, porque en un menú te pueden pulir el bolsillo. Ah, lean BIEN los menús, porque allí se paga el cubierto y, en algún restaurante, sólo por sentarte, te pueden cobrar 6€ por cabeza.

Pero los paisajes lo valen. Aquí les dejo con un vídeo de la carrera (Edición 2013, que tuvieron que recortar por inclemencias meteorológicas: mucha nieve en varios tramos):

miércoles, 9 de abril de 2014

The North Face® Transgrancanaria® 2014 (Mis errores de veterano 2ª edición)

Se dice que el ser humano es el único que tropieza dos veces sobre la misma piedra... y además sabiendo que es la misma piedra.

No aprendo

Previamente a la carrera había entrenado como nunca antes lo había hecho. A mi cuerpo le he metido volumen para dar y regalar. Me sabía hasta el nombre de cada pinocha (pinaza) del condenado cortafuegos del Pico de Las Nieves. He subido Tamadaba no sé ni cuantas veces. A mis piernas ahora les gusta incluso correr cuesta arriba, debe de ser por la costumbre. Me quité cerca de 7kg para llegar lo más fino posible a la salida. En Navidades y fin de año tuve que cerrar el pico para no coger peso antes del maratón de Gran Canaria y así poder continuar la progresión de entrenamientos. He sacrificado infinidad de horas para poder entrenar, he dejado la Escuela Oficial de Idiomas (es tut mir leid, Schatz!)... vamos que para este año me lo había tomado MUY EN SERIO. Gracias a la ayuda de Juan Carlos, de Canary Sport y su asesoramiento con los productos Overstim·s, gracias a Sergio Soliño con quien he tenido el gusto de entrenar cientos de horas bajo todas las condiciones climáticas posibles en esta isla nuestra de Gran Canaria y gracias a Sarito, que ha tenido que ver cómo dejaba de lado mi formación en lengua alemana para irme a trotar al monte como un cabra loca, gracias a todas esas personas, este año iba preparado de verdad para hacer una Trans con buena letra.
Y todo para terminar cagándola dos horas antes de la salida, vistiéndome.
Yo conozco mi fisionomía y sé que tengo los muslos anchos. Esto me limita a la hora de decidir qué ropa he de ponerme para una carrera larga. Yo había entrenado los shorts GTD de The North Face hasta una distancia de unos 50km y todo había ido la mar de bien. Sin embargo, la carrera me tenía preparada una buena jugarreta. Pero empecemos la casa por los cimientos.

La salida

La salida de la Transgrancanaria es especial, ya sea como cuando se hacía por la Playa del Inglés-Maspalomas como ahora que se hace desde Agaete. En el pueblo norteño el ambiente es, si cabe, más especial aún. Parece el Alpe d'Huez, lleno de gente que te anima durante los primeros 300m de carrera por asfalto hasta que comienzas la ascensión hacia Tamadaba. Yo me había hecho un planning de llegar a las Casas Forestales del pinar a las 02:00 y terminé llegando allí con 10' de adelanto. Hasta aquí, bien, pero empezaron las molestias en el talón derecho, provocadas por un "taping" mal realizado (y aquí les doy un fuerte tirón de orejas a los de Decathlon, que han reducido la cantidad de adhesivo en el esparadrapo "tape" blanco hasta el punto de que, de casi no poder uno quitárselo, hemos pasado ahora a que no pega y, claro, se mueve y, claro, se enrolla y, claro, es una mierdaca). Pasé varios minutos a un lado de la pista de tierra intentando arreglar aquello. Valoré incluso quitarme el taping, pero decidí continuar porque suele dejar de doler al cabo de unas horas. Retomé el camino y me tiré cuesta abajo hacia Faneque y Tirma.

En el descenso de Tirma me encontré con Guillermo (Nortetrek) y Eva Pérez, con quienes continué en dirección al caserío. Como Guillermo es guía de montaña y conoce esa zona como la palma de su mano, él marcó el ritmo y todo el multicultural grupo le seguimos. Poco antes de llegar a Tirma saqué los bastones de la mochila y, al llegar al avituallamiento se estaba acabando el agua (que llegó en cuestión de 5 minutos, algo normal cuando para llegar a un punto de avituallamiento tienes que conducir por una pista de tierra). Se oyó algún comentario chorra como "Yo no he pagado tantos euros para que no haya agua..." y tal, pero yo, que vi cómo se acababa el bidón de agua y cómo llegaba en un furgón al cabo de unos 5 minutos doy fe de que pasó muy poco tiempo, así que déjense de chorradas. ¿Somos trail-runners o qué es esto?

En la pista de Tirma me gocé mi sandwich de crema de cacahuete, que me puso las pilas enseguida ¡Cosa rica, oiga! Hidratos, proteína, sodio... perfecto y comencé el ascenso hacia Altavista, tócate las narices. ¡¡¡Son sólo 2km, pero es una condenada pared!!!

El sendero entre Altavista y la carretera Tamadaba-Artenara resultó ser divertidísimo: un sube y baja de toboganes muy suaves, por sendero muy cómodo, entre pinos, que daba ganas de correr. Y eso hice. Allí recuperé algo de tiempo. En la carretera me encontré con que la organización había mandado un avituallamiento sorpresa de agua que nos vino muy bien y del que seguro nadie va a hablar (mucho criticar, pero cuando te ponen una ayuda no programada nadie dice nada, ¿No? ¬¬).

La subida del Brezo no se me hizo dura y mirando el reloj pude comprobar que mi plan de llegar a Artenara a las 6am ya era algo más que una utopía. Llegué a las 07:00. En el avituallamiento me reencontré con Guillermo y Eva y también vi a Juan Miguel y Wladi. Con ellos salí de Artenara, ya con el frontal apagado en dirección Juncalillo y Fontanales. La idea inicial de llegar a Fontanales antes de la salida de la Trans Advanced (8:00) era algo casi imposible de realizar.

El sendero hacia Juncalillo, es muy corrible y me dí un gustazo soltando patas y mirando los colores del cielo en el amanecer, hasta que sonó el despertador en forma de piedra y mis rodillas se fueron al suelo. a la mierda mi intento de acabar 4 carreras sin caerme. De momento van sólo 3. Procuré seguir corriendo ya que las piernas me lo permitían y así se fueron calentando. El dolor de la caída desapareció y sólo me preocupé de trotar y no quemarme en las subidas. La carrera empieza de verdad en Teror.

El camino entre Juncalillo y Fontanales fue un gustazo, bajadas divertidas, zonas rápidas, subidas cómodas para caminar y buena compañía. Lo mismo que ente Fontanales, Valsendero y Teror. La anécdota de la carrera: Llegando a Valleseco, a la salida de una curva, justo donde acaba un sendero estrecho y llegas a una pista de cemento, dos tipos nos paran para pedirnos... (prepárate) ¡Un autógrafo! Pero oye, a todos, eh? ¡¡¡Nunca me habían pedido un autógrafo!!! Y el tipo va y nos espeta "Buah! Tenías que haber visto como pasaron por aquí los primeros!!! ¡¡¡Sobre todo el Metallica (Timmy Olson)!!! Ños, ese cogió la curva esta y se marcó un punteo!!! JAAAAAAAJAJAJAJAJAJAJAJAAAAA XDDDDDDD #EpicLOL, momentazo de la carrera. ¡Chacho! Si hasta me quitó las fuerzas para seguir corriendo. "Se marcó un punteo", dice!!! Épico.

Dejado atrás al colega de los punteos y a su Tropi (todo sea dicho), continuamos nuestro camino hacia Teror, donde llegamos a las 11 de la mañana. Me digo "¡¡¡Bien, sólo una hora por detrás de mi plan!!!", pero ya me empiezo a encontrar algo bajo de energías. Me avituallo con Juanmi y Wladi, cargo Hydrixir y comenzamos el ascenso hacia el Talayón. Comienza a hacer calor.

Talayón y el error de cálculo

La ascensión al Talayón es dura, divisible en varias partes diferenciadas. El inicio es por unas escaleras entre casas, a las afueras de Teror, que te llevarán hasta la Carretera GC-41 que conecta esta localidad con la Vega de San Mateo. Después de caminar cuesta arriba unos 200 metros por la carretera, cruzamos y nos adentramos por otras escaleras que serpentean entre dos casas y que se convierten en un sendero entre eucaliptos. La pendiente crece mucho y en poco tiempo ya hemos aumentado la altitud. El sendero es precioso y muy visual ya que discurre a lo largo de un lomo, cresteando , lo que nos permite ver ambos barrancos, toda la Villa de Teror a un lado y el barranco de La Agujereada por el otro. La Agujereada es una gran roca con un arco a través del cual pasa un sendero, pero ese no es nuestro camino, debemos ascender en dirección a la Cruz de la Hoya Alta (sí, esa que se ilumina en las Fiestas del Pino). A partir de aquí, la ascensión se vuelve una repetición de rampones y llanos, rampones y llanos. En la Cruz de la Hoya Alta, un magnífico mirador de Teror y los alrededores, noto un bajón de tensión y me tengo que parar. Les digo a Juanmi y a Wladi que sigan su camino, no quiero retrasarles ni un minuto. Me adelanta un pequeño grupo de corredores, me pongo en pie y decido continuar el camino despacio para ir recuperándome a medida que avanzo metros hacia la meta.
Sin darme cuenta, el sudor de los 58km que ya llevábamos en las piernas se había ido acartonando en el short y me había empezando a rozar el interior de mis muslos, que no son precisamente de maratoniano. Si bien mi rendimiento se recuperó y el cansancio se redujo mucho por haberme metido un par de geles salados (aprovecho para decirle a los responsables de Overstim·s que al gel salado de cacahuete le podrían poner un puntito más de sal, como si fuera crema de cacahuete y lo bordarían), el simple hecho de caminar se convirtió progresivamente en un esfuerzo titánico por no abandonar. Y todo porque mover una pierna por delante de la otra me producía una quemazón brutal. Poco a poco, el roce del short ya me había dejado totalmente "sollado". A la altura del avituallamiento del Talayón ya no podía caminar bien, tenía que hacerlo "como los niños cagones", abriendo las piernas para evitar el roce, pero ni con esas, oye. Probé de todo, me puse vaselina (a manos llenas) tres veces, caminé con los muslos pegados, como un pingüino, con los muslos separados, nada. Había entrenado llevar sólo el short (sin FourQuad de Compressport -ya hablaré del tema en otra entrada, ahora no es momento) y como no había tenido problemas, pues me confié. Error. Los había entrenado en distancias de hasta 50km y, ya en el Talayón, te ves en el PK64 y el short se convierte en un papel de lija. Me eché agua por encima para disolver un poco la sal del sudor, volví a ponerme vaselina en las rozaduras, pero nada, la sensación (y no exagero) era como ponerme una plancha en los muslos. Si mi paso tras la Cruz de la Hoya Alta se había ralentizado, a partir del Talayón fue un infierno. Llegué a la Cruz de Tejeda como pude y me encaminé a uno de mis descensos favoritos, con la impotencia de no ser capaz de correr. 

Laguna mental

La bajada desde la Cruz de Tejeda (realmente, Degollada de Constantino, lo de la cruz es porque hay allí una cruz de piedra "mu bonita") hacia Tejeda por la finca de La Isa es una de mis bajadas favoritas. Normalmente, en entrenamientos, tardo unos 25 minutos en llegar a las primeras casas de Tejeda. Sé que en una carrera corta puedo tardar unos 20 minutos y que en un ultra, como es nuestro caso, tardaría más o menos lo mismo que en entrenos: 25 ó 27 minutos. La Transgrancanaria 2014 pasará a la historia de mi memoria como el día en el que tardé 1h16' en llegar a Tejeda desde la Cruz homónima. Ni haciendo senderismo había tardado tanto. Me arrastré cuesta abajo. Sufrí mucho. Lo único que me alegró el camino fue encontrar en la finca de La Isa a mis amigos Heidi y Floren. 

Recuerdo llegar a Tejeda, en medio de un calor abrasador y sentarme en el avituallamiento para volver a ponerme vaselina y mojarme un poco con agua la zona lastimada. Allí, en el PK71 pensé incluso en retirarme, pero claro, miré hacia arriba, vi el Roque Nublo sabiendo que la distancia no es demasiado grande y que después del Roque Nublo llega Garañón, donde me esperan mis lycras cortas. Me avituallé bien, volví a cargar hydrixir y me encaminé hacia el barrio de La Culata. 

A partir de este punto, entro en una especie de nebulosa mental. Me concentré en poner un pie delante del otro hasta llegar al Roque Nublo. Tanto me concentré que no recuerdo cómo llegué, sólo que tardé una eternidad en llegar. Quienes me devolvieron a la realidad fueron mis amigos de Neophron, Vicente, Mila, Ingrid y Max, quienes se encontraban en medio de una caminata del grupo de senderismo avanzado en dirección La Aldea de San Nicolás. ¡¡Qué tiempos!! 

Llegar al tablón del Roque Nublo y pasar el control de chips junto a "La Rana" fue un revulsivo. Para entonces, las rozaduras se habían empezado a cauterizar ellas solas y mi paso era algo más fluido. Bajé realmente despacio otra de mis bajadas favoritas, la que va desde la Degollada "de Emma Roca" (¿A que sabes a cuál me refiero?) hasta la base del sendero, junto al parking. Ahí comienza a la izquierda otro sendero que te lleva bordeando la carretera hasta el pequeño aparcamiento de la Presa de los Hornos. Poco después, ya con un paso algo más ligero, llegué al Campamento del Garañón, PK82 y fui directo a buscar mi bolsa, donde sabía que estaban mis lycras cortas.

Pude avituallarme, reponer mi bote de hydrixir, coger mi segundo sandwich de crema de cacahuete, mis geles, barritas, etc. Pedí permiso para salir de "La Catedral", que es como llamamos al aula grande que hay en el Garañón, para cambiarme y ponerme las lycras. Cuando uno está rozado en la parte interna de los muslos, junto a las ingles, y se pone unas lycras, la sensación es indescriptible, "mano de santo". Me volví a poner los shorts por encima de las lycras y me sentía como un hombre nuevo.

Como por ese entonces ya me dolían las plantas de los pies de tanto cambio de desnivel y de tanta zona técnica, decidí no cambiarme de medias de compresión, sino quitarme las medias, limpiar la planta de los pies, aplicar un poco de IcePower, quitarle a las medias toda la tierra que tenían, ponerme las medias limpias de la bolsa y, sobre éstas, las que ya traía desde la salida, con lo que se mejoraba algo la amortiguación.
Puse pilas nuevas al LedLenser, guardé mi material en la bolsa, cogí algo de queso del avituallamiento y me encaminé a la salida. Caminar ya no era un sufrimiento y me empecé a encontrar anímicamente muy, muy bien.

El resurgir

Al salir del Garañón ya sabía que en pocos minutos se pondría el sol y caería la noche. También sabía que mi proyecto de llegar en 22h era del todo imposible y que, como mucho, podría llegar a meta a las 4 de la madrugada, teniendo en cuenta la cantidad de horas que había invertido desde El Talayón hasta el Garañón. De hecho, en entrenamientos, sin ir "a cuchillo" había tardado 2h30' en llegar desde la Cruz de Tejeda hasta el Roque Nublo y, el día de la carrera, creo que tardé unas 6h aproximadamente. 

Comencé el ascenso por el cortafuegos del Pico de Las Nieves con ánimo y energía, tomándome un gel antioxidante y un Coup de Fuet, que me mantendría atento algo más adelante en el descenso por La Plata. Llegué al Pico de Las Nieves con muchas energías y me tiré al descenso, comprobando que ya no me dolían nada las rozaduras, ni las sentía y las platas de los pies no notaban las piedras del camino. Encendí el frontal porque ya era necesario y empecé a adelantar a otros corredores. Durante el descenso me encontraba cada vez mejor, podía correr, había una sonrisa en mi cara, notaba el fresco de la noche y la maravillosa sensación de libertad que te da el correr en medio de un bosque, con un sendero sin dificultad, que además conoces por haberlo entrenado miles de veces, y al ver que las luces rojas -que llevamos los corredores de la Transgrancanaria en la parte trasera- de los que iban por delante de mí se acercaban cada vez más. Por fin había superado el mal momento de Tejeda. Me daba rabia el haber invertido seis horas en recorrer una distancia que sabía que podía haber cubierto en 3 y eso me impulsaba a correr sin parar por el sendero hacia los Altos de Pargana. En medio del descenso por el Paso de la Plata me encontré con Kristina Tille, pareja de Andreas, una de las alemanas del grupo de cuatro que vienen a la Trans como parte de sus vacaciones desde hace cuatro años. Es una titana, muy fuerte, al llegar hasta ella le pregunté que qué tal iba y su respuesta fue como una losa "Sccchleeecht". Lo dijo despacio, con una cara que daba verdadera lástima. Se notaba en su rostro que lo único que quería era que se acabara ya ese suplicio. Y aún le quedaban más de 30km por delante.

Sangre y reencuentro

Llegué a la Cruz Grande sin dejar de adelantar corredores y comencé a bajar en dirección a Tunte por el Camino de Santiago de Gran Canaria. Cogí el teléfono móvil para avisar a Sarito de que aún tardaría bastante en llegar a meta y que fuera pensando en las 3am ó 4am como mi hora de llegada, pero que paradójicamente, me encontraba mucho mejor y que estaba adelantando corredores. Mientras hablaba por teléfono con ella, veo en el camino una gota de sangre, a los dos metros, otra y así, sucesivamente. Alguien debía de haberse dado una soberana galleta. Continué mi rápido descenso y llegué a Tunte con algo de energía, aunque también notaba que había gastado mucha azúcar por la velocidad. En el avituallamiento, sorpresón agradable, Guillermo y Eva, a quienes no veía desde que yo llegué a Garañón y ellos salían rumbo al Pico. Comí algo, bebí dos vasos de cola y decidimos continuar el camino hacia la Degollada de la Manzanilla juntos. En la salida del avituallamiento, otra sorpresa, María Barrera, nuestra amiga de senderismo y casi incondicional de los avituallamientos de la Trans, me dio un fuerte abrazo a la salida del de Tunte y recuerdos para Sarito. Grande, María, grande!!!! Con Guillermo y Eva había otra corredora, cuando me dí cuenta, otro sorpresón, Ulla Kaufmann, la pareja de Rolf, también del grupo de alemanes, a quien no había visto en la salida de Agaete. En ese momento, caí en la cuenta -al ver su dorsal- de que ella participaba en la prueba Advanced, de 82km. Estaba empezando a alcanzar a corredores de la segunda larga. Le dije que había visto a Kristina y que iba mal. A la postre, llegarían juntas a meta.

Saqué mi sandwich de crema de cacahuete y sólo le pude dar un par de mordiscos. En la ascensión hacia la Manzanilla comencé a pagar el cansancio y el descenso a Tunte, me sentía mareado y tuve un bajón muy gordo, todo el sendero se movió a mi alrededor. Eva me ofreció gominolas -pastillas de goma- y eso me subió el azúcar. Intenté darle otro mordisco al sandwich, pero era imposible, mi cuerpo se había cansado de crema de cacahuete (para el año 2015 el segundo sandwich tendrá dulce de leche y Nocilla® -nada de nutella, ¡¡Nocilla!!, que es producto nacional) y necesitaba cosas dulces. Me tomé la segunda mitad del gel Antioxidante y continué el ascenso. Al llegar a la Manzanilla, aproveché la parada para descansar un poco. Ya habíamos llegado al punto elevado del "descenso" (¡Bienvenido a la Trans!) y mi cuerpo aún estaba subiendo. A esas alturas de la carrera, ya estaba agotado. Muchas horas pateando y muchas más despierto. Con renovadas fuerzas, continuamos el ascenso y, al llegar por la pista de tierra a un punto donde comenzaba a picar hacia abajo, comencé a trotar, alentado además porque desde allí se veía Maspalomas, se veía el Faro, la recta del cauce del Barranco de Tirajana, se veía ¡¡La Meta!! Ufff, me eché a correr, corrí por la pista de tierra todo lo que pude en el descenso, miraba al cielo y veía las estrellas y, en un momento, pasó cruzando el negro fondo estelar una estrella fugaz de color amarillo que se perdió en la noche tras las siluetas de los pinos. En el descenso, me saludan, pero por el frontal no reconozco la cara y me dice "Dani, soy Tere" ¡Tere! Compi del C.D. Arista, andaba a buen ritmo pensando sólo en la ansiada meta de la Trans. La animé, me despedí de ella y seguí corriendo en persecución de las lucecitas rojas que tenía por delante. Tras una segunda ascensión hacia el Lomo de Garito, me enganché a un grupo que se encaminaba a la degollada del mismo nombre. El primero del grupo, un alemán muy alto, comenzó a bajar despacio, con dificultad, evidentemente los kilómetros no pasan en balde y el germano ya empezaba a crear un tapón y a retrasar a los que veníamos con mayor velocidad. En una de las curvas del vertiginoso descenso (suerte que lo hicimos de noche, porque de día se ven perfectamente los "patios" a los que te puedes caer si resbalas o tropiezas donde no debes), el alemán se hizo a un lado y aproveché para adelantarlo. Oí detrás de mí cómo otros dos tipos me siguieron los pasos en uno de los descensos más duros y descarnados del UTWT. Poco antes de llegar a Arteara me reencontré con José María Izquierdo y entramos juntos al avituallamiento de Arteara, a 30km de meta.

It's a Long Road

Conozco a Jose María desde hace muchos años, incluso del trabajo. Lo he visto en muchas carreras y sé que no es lento. Camina a muy buen ritmo y tiene un final muy fuerte. Sabía que si no me despegaba de él, podría llegar a meta antes de las 4am. Nos avituallamos y emprendimos el camino hacia las interminables pistas de tierra del Barranco de Tirajana. ¡¡Caray, cómo caminas, Jose!! Claro, con algo más de 1'80cm de estatura, la zancada de Jose María me obligaba a imprimir un ritmo fuerte y a bastonear con ganas para no perder comba. La ruta por las pistas de tierra fue un recital suyo recogiendo cadáveres. En las cuestas abajo trotábamos adelantando a los que sólo podían caminar. Así, con un ritmo fuerte para las horas que llevábamos dándole a la zapatilla, llegamos al avituallamiento de La Machacadora, a sabiendas de que sólo faltaban 8km para llegar a meta. Casi no paramos, yo bebí dos vasos de cola -que ya me empezaba a dar arcadas- y cogí dos buenos puñados de frutos secos para recuperar sales y no decaer. Es muy chungo cuando una bebida te produce aquello que se supone que impide. Sabía lo que iba a ocurrir al llegar a meta. Lo que no quería era que sucediera EN la meta. Da una imagen muy mala.

Poco después de la Machacadora, entramos en el largo, largísimo, eterno cauce del Tirajana. Cuando en las Trans de hace más de dos años empezábamos por ese cauce, no nos dábamos cuenta de lo largo que era ni de lo incómodo que resulta correr por su irregular superficie. Cuando llevas 120km en las piernas, es un infierno. De todos modos, procuramos pasar de la mejor manera por debajo de los nueve puentes que lo cruzan, sabiendo que, con paciencia, llegaríamos a la escalera que nos conduciría al paseo. Cuando por fin llegamos a ese punto, subir siete escalones no fue nada fácil. Llegamos al paseo y nos echamos a trotar para perder el menor tiempo posible.

Terminamos el paseo y ya sabíamos que la meta estaba delante de nosotros, aunque aún no la viéramos, llegamos a la altura de la Charca de Maspalomas y me encuentro con Estrella, entrenadora y corredora del Club Arista que me felicitó y me animó. Entramos en la zona de arena, rodeamos el Faro de Maspalomas, echamos de menos el sonido de música de meta y la voz del speaker, y encaramos la línea de meta. Le digo a José María que pase delante de mí, porque ha sido él el que ha venido marcando el ritmo desde Arteara. Pasamos sobre la última alfombra de chips y entramos en meta de la mano.


META!!!!! Por fin!!! Por fin, meta!!!! 27h26'17", son casi las 3:30am y estoy muy feliz porque sé que he entrenado mucho y bien, sé que la minutada ha sido por culpa de un "experimento" con el short y sé que mi plan de alimentación en la carrera estaba bien ideado. También sé que, de no haber tenido problemas de rozaduras, podría haber llegado a meta en 23h o menos, que era mi plan.


Otra Transgrancanaria más y ya van 4 largas (2010, 2011, 2013 y 2014) y 2 Sur-Norte (2009 y 2012)




Aprendizaje clave para Lavaredo Ultra Trail®: Salir con lycras desde el km 0, sandwich salado al principio y sandwich dulce al final. Gominolas para los últimos kilómetros y llegar con piernas a la parte final. Ah, y parar poco en los avituallamientos.






¿Que cuál era mi plan de alimentación?
Ea, aquí va:
 P.d.: Ah, al final no llegué a vomitar nada. Estómago to-tal-men-te vacío.



lunes, 23 de diciembre de 2013

Descubriendo la Transgrancanaria 2014





Bueno, comencemos esta crónica como lo que es. Esta debería haber sido la crónica de un entrenamiento, pero a resultas de que media isla “ultrera” estaba entrenando por otras zonas, Sarito y yo decidimos ir a reconocer el tramo comprendido entre las Casas Forestales de Tamadaba, Caserío de Tirma, Altavista y Artenara. Según el perfil de la Transgrancanaria, son unos 24 kilómetros. 

Como somos unos remolones, salimos bastante tarde. De hecho, podría haber ido a entrenar con Juan Carlos R. Q.  y luego empatar con el reconocimiento de ese sector de la carrera. Comenzamos a patear en las casas de Tamadaba a las 12:28h en dirección Faneque. Esta vez, el track(KMZ, GPX, GDB) y el Garmin Foretrex 401 funcionaron de maravilla. ¡¡¡Gracias Charlie!!!

El descenso inicial hacia Faneque es divertidísimo y rapidísimo. De día, a medida que uno se va acercando a las inmediaciones del Roque Faneque, la visión que aparece entre los pinos es de vértigo. Cuando llegamos al cruce que debemos tomar a la izquierda para descender hacia el Arco de Tirma, me doy cuenta de que el sendero, que aparece a la izquierda, está señalizado con dos mojones, pero si uno se despista, se pasaría de largo. Sarito decide seguir mientras yo me detengo para dibujar y escribir con un palo en el suelo “<--TGC”, luego, entendí que con la “relentada” (rocío) y la humedad de la zona, los pinos “ordeñarían” las nubes y todo eso se borraría, así que busqué por la zona unas piñas y las coloqué sobre el dibujo de la flecha, indicando la dirección del sendero.

 
El descenso hacia el Arco de Tirma, que yo llegué a llamar en FB “Tagoror de la Agujerada”, es vertiginoso,  en la zona superior hay, incluso, un paso que deberemos tomar con precaución el día de la carrera (posibilidad de embudo y parón) ya que el sendero es estrecho y tiene un poco de patio en el lado izquierdo. Tocará llevar el frontal a tope. Después de esa zona, viene un descenso en “zigzag” que nos llevará a otra zona con mucha piedra suelta en el sendero. En esa zona nos encontramos con el resultado de una actividad muy propia de algunos desalmados de nuestra isla. Mojones desmantelados. A ver, vamos a puntualizar. En una zona casi sin piedras, terrosa y sin peligro, desmantelar un mojón, si bien no deja de ser una “capullada”, tiene como resultado el que un caminante, al verlo, lo vuelva a colocar. Punto. Pero desmantelar un mojón en una zona llena de piedras, haciendo que el sendero deje de verse con claridad y, con el agravante de que a ambos costados de esa loma hay sendos patios, sobre todo en la vertiente Norte, no es una “capullada”, es una tremendísima temeridad. Un día alguien se va a hacer mucho daño, MUCHO DAÑO y nadie va a decir “ups, lo siento”. Por esta razón, mientras Sarito continuaba el camino, yo paré a rehacer los mojones, volviendo sobre mis pasos para comprobar que desde el mojón anterior se veía el siguiente de una manera clara. Esperemos que los próximos corredores que pasen por allí aún los vean.
Una vez llegamos al tagoror (creo que lo es y si no lo es, pues me resultaría raro, ya que el sitio es perfecto) del Arco de Tirma, nos encontramos con Rubén, del Club TopArriba, que volvía a desandar el camino hecho ya que no encontró más adelante el camino que ascendía al Caserío de Tirma. Nos despedimos deseándonos suerte y felices fiestas y continuamos el reconocimiento.

Después del Arco, el sendero continúa a la izquierda bordeando unos cantiles (cortados) en los que el sendero llega a difuminarse un poco. De noche, habrá que tener mucho cuidado en esa zona, sobre todo si el suelo está húmedo porque el patio que hay en el lado derecho es importante. Me doy cuenta ahora de que para algunas personas, la terminología montañera – escaladora podría no ser clara del todo. Venga, llamamos “patio”, hablando claro, a un precipicio, es decir, un sitio por el que uno podría “precipitarse” al vacío. Da igual si la caída es de unos 10 metros como es el caso que nos ocupa, o 400 metros como podría ser el límite NW del propio Roque Faneque. La cuestión es que en esta zona en la que nos encontramos, el camino bordea estos cantiles en una zona muy “corrible”, de correr mucho, con algunas leves subidas y escorrentías muy muy estrechas, inclinadas y donde, con casi total seguridad, encontraremos otros embudos o retenciones durante la carrera. Una vez llegamos al fondo de una barranquera, el camino se pierde. Algo me dice que esta es la zona en la que Rubén no encontró la continuación del sendero. Rodeando una gran roca, se advertía una zona con trebolinas (tréboles) y un mini-mojón que tuve que agrandar para hacerlo más visible (otra parada), que es por donde continuaba el camino. Después de esa zona, el camino se hace totalmente evidente y a base de toboganes, continúa de manera rápida en dirección a Tirma.

La llegada al Caserío de Tirma se hace rodeando unos bancales y luego ascendiendo hacia la casa. Allí nos alegró ver que estaba D. José y sus perros. Le pedimos agua y él, muy amablemente no sólo nos dio agua de sobra, sino que nos indicó cuál era el camino que debíamos seguir. He de reconocer que en este punto, las baterías de mi GPS dijeron “basta”. Llevaba otras baterías de reserva, ¡¡¡Tranquilos!!! Soy un “ultrero” descerebrado, pero no un inconsciente. También llevaba tres frontales (un LedLenser® para mí, otro para Sarito y un Petzl® de reserva para un “por si acaso”) y una batería de reserva para el móvil. 

Al salir de Tirma, aprovechamos la pista de tierra para comer. Llegamos a la curva del aljibe donde se encuentra el sendero que asciende, a la izquierda, por el Lomo del Amo (en este mapa buscar cuadrante Horiz 3100500 – Vert 428500) cruzando la pista de tierra que conecta Tirma con Tifaracás, continuando por ella hacia la izquierda durante unos 100 metros y reconectando con el sendero en el lado derecho de una amplia curva de izquierdas, ascendiendo hacia la Degollada de Los Pilones (en este mapa buscar cuadrante Horiz 3099500 – Vert 429000). Esa ascensión es dura, casi recta, aunque con algún que otro “zig-zag” y escalones.  Al llegar a la Degollada de los Pilones, las vistas nos sobrecogen. Delante nuestra está Altavista, a donde se llega por un sendero claro. Hay incluso zonas en las que podemos trotar hasta que llegamos a los amplios zig-zags llenos de piñas de pino y pinocha (pinaza). Al rodear Altavista, podemos contemplar a lo lejos el recorrido de la transgrancanaria de 2013, toda la zona que va desde Artenara, Bentayga, El Chorrillo, El Roque Palmés, El Toscón hasta El Aserrador. Al fondo, podemos ver el Roque Nublo, el Pico de Las Nieves... la vista es espectacular. 


Comienza a hacer fresquito y nos ponemos algo de abrigo. Llevamos ya unas cuantas horas caminando y yo descubriendo una zona por la que aún no me había metido nunca. Ahora ya es todo sendero conocido. Soy muy feliz. Aprovechando los últimos minutos de sol, sacamos fotos y continuamos hacia la Cruz de María. Al inicio del sendero hacia el Lomo del Brezo, en la Cruz de Acusa, nos vemos obligados ya a encender los frontales. Hemos calculado el tiempo al minuto. Esta vez, la subida hacia El Brezo se me hace incluso corta, puede ser porque no miré para arriba, sólo hacia el suelo. Al llegar arriba, después de 6 horas y 25 minutos, aún tenemos fuerzas para trotar hacia la zona de los helicópteros y bajar trotando hacia Artenara. Ahí, Sarito decide continuar caminando hacia donde habíamos aparcado el coche y yo sigo trotando cuesta arriba para terminar con una mini-serie de 200m. Buen reconocimiento, precioso paisaje. Recorrido de la The North Face Transgrancanaria 2014 totalmente reconocido y casi entrenado. Me encanta el recorrido nuevo, Fer. Tiene de todo. Rápido, técnico, duro. Nuestra carrera de casa tiene todo lo necesario para formar parte de la UTWT (Ultra Trail WorldTour).