Quedan sólo 25 días para la fecha: 26 de agosto de 2011. Ese día, a las 18:30 hora de Francia, 2600 almas saldrán de Chamonix en dirección al interior de sí mismos y, mientras tanto, darán una vuelta enterita al Mont Blanc, recorriendo 167km y pasando por 3 naciones: Francia-Italia y Suiza.
Ese día, a esa hora, una de esas 2600 almas será (si todo sale bien en estos 25 días) la mía. Ciento sesenta y siete kilómetros es mucho, más aún cuando no son en llano. Para dar la vuelta al Mont Blanc se ha de ascender y descender 10 cimas. De esas 10, 7 superan la cota de los 2000m de altitud (podría decir 8, pero Bovine llega "sólo" hasta los 1987m, uyyyyy!) y de esas 7 (prepárate!), 4 superan los 2400m. Con todo ello, las cifras de la prueba se salen de cálculos: 9500m de desnivel positivo acumulado aproximado. Como la salida y llegada tienen lugar en el mismo sitio, esos 9500m que habremos de ascender, también los tendremos que descender, lo que nos da una suma total aproximada de 19000 metros de desnivel acumulado total, sí, diecinueve mil!!!
Cuando lees eso en el perfil y datos de la prueba te preguntas "A ver, ¿Quién me manda a mí a meterme en este berenjenal?" y lo segundo es "Socorro!". Y es precisamente esa llamada de socorro la que un día llegó a los oídos de una empresa textil que decidió que podría facilitarnos un poquito las cosas o, al menos, que esos 9500m p'arriba y p'abajo fueran pasando lo más cómodamente posible (posible aquí debe entenderse como lo que es: "como buenamente se pueda"). Esa empresa se llama Compressport® y fabrica unos compresores que ayudan a que el músculo realice su cometido sin sufrir extensiones ni compresiones extremas, lo mantiene en su sitio, lo cual también ayuda a que la circulación venosa mejore al no sufrir aplastamientos cuando el músculo se expande en exceso. Compressport ha fabricado para nuestro tren inferior, entre otros, tres productos que son una genialidad: compresores de pantorrilla (yo he probado los R2 -Race & Recovery- que son tanto para competición como para relajación) que mantienen a los gemelos, tibiales, peroneales e isquiotibiales en su sitio; compresores de cuádriceps (y bíceps femoral, claro) llamados ForQuad y, finalmente, los Full-Leg, que son unos compresores para la pierna completa (estos últimos aún no los he probado).
Primeras sensaciones
A simple vista, los compresores de Compressport® parecen frágiles, como medias femeninas, pero no lo son. Antes que nada hay que asesorarse con respecto a la talla. Yo no me lo pensé y me fui a la tienda que tiene los mejores precios en este segmento: Arista. Allí, Ferke me asesoró con respecto a modelos y tallas y me terminé comprando los R2 y los ForQuad.
Compressport® R2®
Cuesta un poco meter el pie, pero una vez colocado, notas al momento la presión (nada incómoda) en toda la zona de gemelos y tibiales. Son comodísimos y, por qué negarlo, tienen una pinta "pro" que aporta un cierto efecto placebo cuando uno se mira al espejo.
Compressport® ForQuad®
Estos son los que aportan unas sensaciones más discordantes. Me explico, cuesta un poco ponérselos. hay que dejar claro que es un compresor y, por tanto, es mucho más estrecho que nuestro muslo. Y hay que subirlo hasta la ingle! Bueno, suerte que son fuertes, porque de no haberlo sido, mis dedos lo hubieran atravesado al intentar subirlo hasta arriba desde la rodilla. La cuestión es que debe ser que yo tengo la zona de los abductores bastante ancha, porque me apretaban mucho al colocarlos en su sitio. Una vez colocados, hay que poner el pie en una superficie elevada (a la altura de una silla, por ejemplo) para que se termine de colocar el compresor solito de una manera cómoda. Lo que hay que destacar es que, una vez ya está todo en su sitio, la sensación es similar a la de los R2. Funcionalidad ante todo.
La prueba
Ya vestido de esa guisa, me puse unos shorts cómodos y me eché al monte. Sarito y yo nos fuimos el viernes 29 de julio a Tunte (San Bartolomé de Tirajana) y ya de camino, a la altura de Fataga, el termómetro marcaba 37ºC. Pero como reza el dicho: Las cabras tiran p'al monte y para allá arriba íbamos. Dejamos el coche en el parking del Hotel Las Tirajanas y nos echamos a correr por el Camino de Santiago de Gran Canaria, ruta que también sigue la Transgrancanaria (123km y 96km) en dirección a la Cruz Grande. Mi intención era subir por la ruta de la Transgrancanaria Sur-Norte por el Paso de la Plata, hasta el Pico de Las Nieves (1949m). La sensación inicial era extraña en los cuádriceps, pero esa sensación desapareció al poco rato cuando entré en calor y los ForQuad® comenzaron a realizar su labor. Los R2, como si no los llevara puestos, comodísimos, pero trabajando realmente bien, durante los primeros kilómetros trotando cuesta arriba sólo notaba trabajar los muslos, gemelos y tibiales, como si nada. Llegué a Cruz Grande en 35', crucé la carretera y comencé el ascenso hacia el Paso de la Plata. Genial! Los compresores me permitían una movilidad total, sujetando los grupos musculares con gran efectividad. Cuando de verdad los gemelos y tibiales se pusieron a trabajar en serio, los R2® ayudaban a que el esfuerzo no produjera dolor ni agarrotamiento. Llegué a la base empedrada del Paso de la Plata y comencé a subir por esos rampones del 24% de pendiente como si hubiera empezado el entrenamiento allí mismo. Total, 6' desde la base hasta el final del último tramo adoquinado. Nunca había subido esas zetas tan rápido (y no troté en ningún momento, quería utilizar la pierna entera, sin bloquear ningún músculo a base de saltitos). Cuando llegué a la zona más llana en el pinar, troté sin apenas notar el esfuerzo anterior (ojo, que he usado un "apenas"! Noté el esfuerzo anterior, pero no lo que habría notado si no hubiese llevado los compresores). Llegué a la Degollada de los Hornos y giré a la derecha, abandonando el Camino de Santiago, para continuar por la ruta de la "Trans" en dirección al punto más elevado de Gran Canaria.
Quienes conocen esa ruta saben que poco después de la Degollada de los Hornos, hay una corta pero durísima subida en medio del pinar que salva un desnivel de unos 30m de altura en algo menos de 50m de sendero. Ahí probé los R2® y ForQuad® en toda su magnitud haciendo trabajar a los gemelos y cuádriceps a destajo para subir ese rampón lo más rápido posible realizando el recorrido completo de la pierna en flexión y extensión. Una maravilla. En esos 50m me puse en 180 pulsaciones, pero las piernas iban como si sólo hubiese subido las escaleras de mi casa. La siguiente prueba vendría algo más adelante, en el último tramo que conduce al Pico de Las Nieves. Más de lo mismo. Oía perfectamente el pulso en el interior del oído, pero las piernas, algo cascadas ya, no mostraban síntomas de fatiga (estaba yo más cansado por los cambios de ritmo que las piernas!).
Tiempo total: 01h56'. Aún miro el GPS y me asombro. Lo tengo claro: para el UTMB, llevo los R2®, seguro. Los ForQuad® no, porque la licra larga Mizuno® ya comprime lo suficiente esa zona como para añadir más presión. De todos modos, hoy haré una prueba de comodidad en casa antes de lavar los compresores (a mano, por supuesto, que son prendas delicadas).
Ah, por cierto, en Arista (c/ Lepanto, 47, Las Palmas de Gran Canaria), los ForQuad® cuestan 60€ y los R2®, 35€ (para las tallas que yo llevo). En otro comercio muy famoso de esta isla y que está especializado en surf, los ForQuad® cuestan 88€ y los R2®...,no me acuerdo, pero eran más caros que en Arista.
lunes, 1 de agosto de 2011
jueves, 28 de julio de 2011
Nuevas adquisiciones en Arista
Ayer tuvo lugar en la tienda Arista (c/ Lepanto, nº 47, Las Palmas de Gran Canaria), la entrega de reconocimientos a los patrocinadores y colaboradores de la edición 2011 de la The North Face® Transgrancanaria. Allí, después de ver el vídeo de esa edición y de celebrar el inicio de las inscripciones para la edición de 2012 de la Trans, adquirí compresores de cuádriceps y de pantorrillas de la marca Compressport®.
Hoy los probaré para ver qué tal van, aunque algo me dice que notaré diferencias notables de rendimiento. Estoy deseando usarlas en carrera!
En cuanto las pruebe, comentaré mi opinión al respecto.
Hoy los probaré para ver qué tal van, aunque algo me dice que notaré diferencias notables de rendimiento. Estoy deseando usarlas en carrera!
En cuanto las pruebe, comentaré mi opinión al respecto.
Comienza la recta final - Lomo de Riquiánez
Ya está, ya queda menos de un mes.....uff, las mariposas del estómago revolotean cada vez más fuerte y se acerca el momento en que partiré con Sarito hacia Chamonix para terminar de preparar el gran acontecimiento, el Ultra Trail du Mont Blanc. Como entrenamiento previo, el jueves pasado Indi, Inma, Marisol, Sarito y yo nos desplazamos a la localidad de Arucas para correr por un circuito muy bueno situado en el Lomo de Riquiánez. Es un circuito que tiene de todo, subidas rápidas y técnicas, bajadas rápidas y técnicas, andenes, cornisas, toboganes....es un verdadero rompepiernas con multitud de variaciones posibles y paisajes increibles para estar al lado de una ciudad. Además, ese circuito tiene una zona por la que transcurren las 4 versiones de la The North Face® Transgrancanaria, desde Picacho hasta el Lomo de Riquiánez o viceversa.
El sábado, nos fuimos a Artenara para entrenar aprovechando el recorrido mixto de la Artenara Trail. Esto es, realizar el recorrido de la distancia larga, pero sin bajar a la Presa de Candelaria, desviándonos en la Degollada de Acusa hacia la montaña de los Brezos, directamente, sin hacer el descenso. El día fue magnífico, hacía sol y calor, pero con brisa fresca, no como el día de la carrera.
El lunes, volvimos a Riquiánez y notamos la diferencia de haber corrido en altura dos días antes. Íbamos como motos. Es cierto que las cuestas ás empinadas se notaban mucho en los cuádriceps, pero el periodo de recuperación se reducía a la mitad, un minuto caminando rápido y ya las pulsaciones volvían a su nivel normal y...a correr otra vez! Ese día nos hicimos cerca de 15 kilómetros por montaña en 1h57'.
Las sensaciones son muy buenas. Durante esta semana volveremos a correr por Riquiánez y, como se me crucen los cables, este finde me hago un TTT (Teror-Tunte-Teror) para probar el cardio y un par de cosillas que me compré en la tienda Arista (c/ Lepanto, 47, Las Palmas de Gran Canaria)
El sábado, nos fuimos a Artenara para entrenar aprovechando el recorrido mixto de la Artenara Trail. Esto es, realizar el recorrido de la distancia larga, pero sin bajar a la Presa de Candelaria, desviándonos en la Degollada de Acusa hacia la montaña de los Brezos, directamente, sin hacer el descenso. El día fue magnífico, hacía sol y calor, pero con brisa fresca, no como el día de la carrera.
El lunes, volvimos a Riquiánez y notamos la diferencia de haber corrido en altura dos días antes. Íbamos como motos. Es cierto que las cuestas ás empinadas se notaban mucho en los cuádriceps, pero el periodo de recuperación se reducía a la mitad, un minuto caminando rápido y ya las pulsaciones volvían a su nivel normal y...a correr otra vez! Ese día nos hicimos cerca de 15 kilómetros por montaña en 1h57'.
Las sensaciones son muy buenas. Durante esta semana volveremos a correr por Riquiánez y, como se me crucen los cables, este finde me hago un TTT (Teror-Tunte-Teror) para probar el cardio y un par de cosillas que me compré en la tienda Arista (c/ Lepanto, 47, Las Palmas de Gran Canaria)
lunes, 20 de junio de 2011
Artenara Trail 2011
Escuela de Calor
Comencemos esta crónica por donde se debe: el principio de todo. Llegábamos Sarito y yo a Artenara el sábado a las 17:00 y ya nos sorprendía la temperatura que encontrábamos por San Mateo (26º). Al llegar a la Cruz de Tejeda, el aspecto del cielo no podía ser más desalentador para mí. Cielo blanco "velado", calima y previsión de calor. Llegamos a Artenara y nos encontramos con Inma e Indi. Después de alojarnos en la casa-cueva de sus primos (una maravilla excavada en la roca donde la temperatura no sube nunca de 20º) nos desplazamos a la plaza de la localidad cumbrera. Después de prestar atención al "briefing" previo a la prueba, explicado con todo lujo de detalle por Fer (Fernando González - Club Deportivo Arista), director de carrera, nos sacamos unas fotos con Oihana Kortázar (Campeona de Europa de SkyRace® y reciente vencedora de la Zegama-Aizkorri), nos rencontramos con Dani Sanabria (de la revista Planeta Running), conocimos personalmente a Jorge Rivero (de la web Run & Race), a Ezequiel Bellido (de la revista Corredor de Montaña) y al incombustible Nil Bohigas (de No Limit - Revista Trail). Con ellos vimos la Caldera de Tejeda desde el mirador de Unamuno y comentamos lo que nos depararía el día siguiente. Es una gozada compartir un buen rato charlando de carreras y naturaleza con personas que aman y tanto saben de ambas cosas. Al cabo de un rato, a las 20:00 el reloj de la plaza marcaba aún 24º. Temperatura demasiado alta para esa hora en ese lugar. El aspecto del cielo y esa temperatura nos daban una idea de lo que nos esperaba el día siguiente.
Domingo 19 de junio - El horno sí está pa' bollos
Amanecía el domingo a las 06:30am con un cielo celeste y 24ºC. Después de un desayuno potente, nos vestimos y caminamos hasta la plaza de Artenara para encontrarnos de nuevo con los periodistas antes mencionados y con la gran familia de corredores de montaña. A medida que iban pasando los minutos, la temperatura subía y se empezaba a notar un aire templado que venía desde el sur.
A las 9:00 se daba la salida ya con 27º y viento caliente de sur, antesala de lo que se nos venía encima. Comenzamos a trotar cuesta arriba por la calle que lleva al Santuario de la Virgen de la Cuevita, ermita excavada en la roca por los antiguos canarios. Seguidamente, encaramos el sendero que nos llevaría a los Riscos de Chapín en una larga fila de a uno en la que algunos se afanaban por adelantar posiciones como fuera. Al terminar la primera ascensión de la jornada, llegamos al cruce que nos conduciría en un veloz descenso, y aún con las fuerzas intactas, al barrio de Las Peñas. Posteriormente, tras una breve subida, pero en la que ya empezamos a notar el inclemente calor que se iba apoderando de los barrancos, llegamos a Las Arbejas, donde estaba situado el primer avituallamiento. En este punto, adelanté varias posiciones, ya que me salté el avituallamiento ¿Por qué? Pues porque llevaba suficiente agua en los bidones y en camel y también porque justo antes de darse la salida, me metí un gel entre pecho y espalda (son "truquis" que aprende uno de "pros" como Sebastien Chaigneau y quien quiera comprobarlo, sólo tiene que mirar una foto de la salida de la The North Face Transgrancanaria de este año para ver cómo el Seb lo hace. Ah, recomiendo entrenar al cuerpo para este truco varias veces, o el día de la carrera nos veremos echando la papilla a los cinco minutos de echarnos a correr).
Tras abandonar el pago de Las Arbejas, comenzamos un sube y baja por la zona de Bajalobo que nos conduciría por tierra y asfalto hasta el segundo avituallamiento, la Presa de Lugarejos. Entretanto, a mí me dio tiempo a caerme (¿Cómo no? Las malas costumbres no hay que perderlas) y dejarme la palma de la mano derecha (la que he tenido que usar hoy con el ratón del PC en el curro), codo, hombro y rodilla derechos en el camino. Ya en la presa de Lugarejos se notaba que el Sol nos iba a dar "p'al pelo". Mucho hielo en las cacharras (bidones), mucho hielo en el camel y a remojar la cabecita y la gorra porque el plato fuerte de la jornada estaba justo al terminar de cruzar el muro de la presa: la subida al Pico de La Bandera.
El Galibier, oye!
Uf! Ya las primeras rampas sobre suelo empedrado te van adelantando lo que está por llegar. El ascenso al Pico de la Bandera, de 5km de longitud se puede resumir como una sucesión de rampones y "zetas", dentro de un pinar en donde sólo hay un pequeño descenso de unos 50 metros. Ahí fue donde el calor (40º) nos apretó unas tuercas que terminaría de pasar de rosca algo más adelante. El andar cansino, el calor, el aire caliente que, unido a ese olor que tiene un pinar cuando el sol aprieta y que no te deja respirar bien, hicieron de la ascensión un auténtico suplicio para muchos. Al hacer cima, que parecía no llegar nunca, ya no quedaban fuerzas ni para correr en el descenso (salpicado por un par de cuestitas que se convirtieron en auténticas tachuelas para nuestros castigados cuádriceps). Cuando por fin llegamos al avituallamiento de Tamadaba, muchos optarían por retirarse. Para cuando mis piernas consiguieron mover mi cuerpo hasta ese punto, ya no quedaba bebida isotónica en el puesto, ni hielo. Lo único que pude hacer es ver cómo mi amigo Indi llegaba allí unos minutos después y se iba un minuto antes que yo. Decidí que no podía rendirme y que debía continuar. Siguieron pasando los kilómetros y llegué al siguiente puesto donde sí había isotónicos y hielo, así que decidí cargar el camel y uno de los bidones con agua y hielo. El otro bidón lo llené con bebida isotónica y mucho hielo. Eso me permitió disponer de bastante reserva de líquido para llegar con garantías de continuidad al siguiente puesto y a la meta. Lo que nos aguardaba por delante era un potente ascenso por un sendero entre pinar donde el Sol nos seguía cocinando a gusto. Al terminar, se llegaba a una pista de tierra y, justo después, el descenso más técnico que he visto en mi vida. Sólo faltaba que nos dieran unos arneses y cuerdas para rapelar. La organización, previendo que alguno podría llegar allí con los reflejos muy mermados, había dispuesto un equipo de rescate tanto en el inicio como al final del descenso que terminaba en una arista de roca unos 20 metros antes de llegar al muro de la Presa de la Candelaria, junto a la Mesa de Acusa. Allí abajo, el termómetro marcaba con justicia los 40º. Se llegaba después a una pequeña pista de tierra, donde me encontré con Nacho Díaz-Reixa que ya llevaba los pies cascados por el calor, y luego a la carretera donde estaba situado el último avituallamiento antes de la meta. Allí volví a encontrarme con Indi que, para entonces, ya iba bastante tocado pero con fuerzas (¡Quién pudiera soportar el calor como lo haces tú, tío! Bueno, tú dirás lo mismo de mi resistencia al frío).
La Croix de Fer (Jejejeje, es que cuadró, lo siento!)
El último ascenso ya no era dentro de pinar sino al lado del pinar. Con esto quiero decir que, es verdad que de vez en cuando había algún pino que daba sombra (bajo la cual me llegué a encontrar a cuatro compañeros de horno sentados recuperando energía), pero el resto del camino era un ascenso ininterrumpido, más suave que los anteriores, pero ininterrumpido por unos escalones naturales de roca, escalando el Monte del Brezo por la vertiente oeste. El viento cálido del sur seguía soplando suave, pero seco, al interior de nuestros ya debilitados pulmones y el astro rey nos daba el último vuelta y vuelta para acabar de cocinarnos. Se podía sentir incluso el calor reflejado por las rocas, de modo que nos quemábamos desde arriba y desde abajo. Cuando por fin parecía que habíamos llegado arriba, un grupito de corredores que no nos habíamos dividido desde los últimos 2km, nos dimos cuenta de que era un espejismo, un cruce con una pista de tierra y que debíamos seguir ascendiendo por roca desnuda y, ya por fin, más adentrados en el pinar. Cuando pude divisar ahí cerca las antenas de Artenara y el letrero de la Red de Senderos del municipio cumbrero, ya sabía que sólo quedaba bajar y casi al final una última subidita unos cien metros antes de la meta. Durante esa última subida, pasamos justo al lado de la piscina municipal donde estaban disfrutando de un refrescante baño nuestros compañeros de carrera (los que habían llegado mucho antes, claro) y, qué quieres que te diga, es un palo cuando estás comenzando la última rampa. En ese momento, Juan Alemán me pregunta que cómo entramos en meta y yo, parafraseando a Iker Karrera en la última Transvulcania, le respondí "yo no te voy a esprintar", así que me propuso trotar en la última bajada por la carretera que da entrada al pueblo y entrar cogidos de la mano en alto. Así lo hicimos y fue un momento que llevaba horas deseando que llegara, por fin! Ni en la Transgrancanaria de 2008 había sufrido tanto. A mí el calor me destroza y ayer el Sol junto con el viento sur me puso en mi sitio. De haber sido otras las condiciones meteorológicas, de haber hecho fresco o frío, otro gallo me hubiera cantado. Pero ayer no, ayer la cuestión desde el kilómetro 15 era seguir, seguir, no rendirse nunca, seguir y llegar. Como la vida misma. Al final, quería terminar en menos de 6 horas y mi tiempo fue de 5:59:59. Niquelado!
Comencemos esta crónica por donde se debe: el principio de todo. Llegábamos Sarito y yo a Artenara el sábado a las 17:00 y ya nos sorprendía la temperatura que encontrábamos por San Mateo (26º). Al llegar a la Cruz de Tejeda, el aspecto del cielo no podía ser más desalentador para mí. Cielo blanco "velado", calima y previsión de calor. Llegamos a Artenara y nos encontramos con Inma e Indi. Después de alojarnos en la casa-cueva de sus primos (una maravilla excavada en la roca donde la temperatura no sube nunca de 20º) nos desplazamos a la plaza de la localidad cumbrera. Después de prestar atención al "briefing" previo a la prueba, explicado con todo lujo de detalle por Fer (Fernando González - Club Deportivo Arista), director de carrera, nos sacamos unas fotos con Oihana Kortázar (Campeona de Europa de SkyRace® y reciente vencedora de la Zegama-Aizkorri), nos rencontramos con Dani Sanabria (de la revista Planeta Running), conocimos personalmente a Jorge Rivero (de la web Run & Race), a Ezequiel Bellido (de la revista Corredor de Montaña) y al incombustible Nil Bohigas (de No Limit - Revista Trail). Con ellos vimos la Caldera de Tejeda desde el mirador de Unamuno y comentamos lo que nos depararía el día siguiente. Es una gozada compartir un buen rato charlando de carreras y naturaleza con personas que aman y tanto saben de ambas cosas. Al cabo de un rato, a las 20:00 el reloj de la plaza marcaba aún 24º. Temperatura demasiado alta para esa hora en ese lugar. El aspecto del cielo y esa temperatura nos daban una idea de lo que nos esperaba el día siguiente.
Domingo 19 de junio - El horno sí está pa' bollos
Amanecía el domingo a las 06:30am con un cielo celeste y 24ºC. Después de un desayuno potente, nos vestimos y caminamos hasta la plaza de Artenara para encontrarnos de nuevo con los periodistas antes mencionados y con la gran familia de corredores de montaña. A medida que iban pasando los minutos, la temperatura subía y se empezaba a notar un aire templado que venía desde el sur.
A las 9:00 se daba la salida ya con 27º y viento caliente de sur, antesala de lo que se nos venía encima. Comenzamos a trotar cuesta arriba por la calle que lleva al Santuario de la Virgen de la Cuevita, ermita excavada en la roca por los antiguos canarios. Seguidamente, encaramos el sendero que nos llevaría a los Riscos de Chapín en una larga fila de a uno en la que algunos se afanaban por adelantar posiciones como fuera. Al terminar la primera ascensión de la jornada, llegamos al cruce que nos conduciría en un veloz descenso, y aún con las fuerzas intactas, al barrio de Las Peñas. Posteriormente, tras una breve subida, pero en la que ya empezamos a notar el inclemente calor que se iba apoderando de los barrancos, llegamos a Las Arbejas, donde estaba situado el primer avituallamiento. En este punto, adelanté varias posiciones, ya que me salté el avituallamiento ¿Por qué? Pues porque llevaba suficiente agua en los bidones y en camel y también porque justo antes de darse la salida, me metí un gel entre pecho y espalda (son "truquis" que aprende uno de "pros" como Sebastien Chaigneau y quien quiera comprobarlo, sólo tiene que mirar una foto de la salida de la The North Face Transgrancanaria de este año para ver cómo el Seb lo hace. Ah, recomiendo entrenar al cuerpo para este truco varias veces, o el día de la carrera nos veremos echando la papilla a los cinco minutos de echarnos a correr).
Tras abandonar el pago de Las Arbejas, comenzamos un sube y baja por la zona de Bajalobo que nos conduciría por tierra y asfalto hasta el segundo avituallamiento, la Presa de Lugarejos. Entretanto, a mí me dio tiempo a caerme (¿Cómo no? Las malas costumbres no hay que perderlas) y dejarme la palma de la mano derecha (la que he tenido que usar hoy con el ratón del PC en el curro), codo, hombro y rodilla derechos en el camino. Ya en la presa de Lugarejos se notaba que el Sol nos iba a dar "p'al pelo". Mucho hielo en las cacharras (bidones), mucho hielo en el camel y a remojar la cabecita y la gorra porque el plato fuerte de la jornada estaba justo al terminar de cruzar el muro de la presa: la subida al Pico de La Bandera.
El Galibier, oye!
Uf! Ya las primeras rampas sobre suelo empedrado te van adelantando lo que está por llegar. El ascenso al Pico de la Bandera, de 5km de longitud se puede resumir como una sucesión de rampones y "zetas", dentro de un pinar en donde sólo hay un pequeño descenso de unos 50 metros. Ahí fue donde el calor (40º) nos apretó unas tuercas que terminaría de pasar de rosca algo más adelante. El andar cansino, el calor, el aire caliente que, unido a ese olor que tiene un pinar cuando el sol aprieta y que no te deja respirar bien, hicieron de la ascensión un auténtico suplicio para muchos. Al hacer cima, que parecía no llegar nunca, ya no quedaban fuerzas ni para correr en el descenso (salpicado por un par de cuestitas que se convirtieron en auténticas tachuelas para nuestros castigados cuádriceps). Cuando por fin llegamos al avituallamiento de Tamadaba, muchos optarían por retirarse. Para cuando mis piernas consiguieron mover mi cuerpo hasta ese punto, ya no quedaba bebida isotónica en el puesto, ni hielo. Lo único que pude hacer es ver cómo mi amigo Indi llegaba allí unos minutos después y se iba un minuto antes que yo. Decidí que no podía rendirme y que debía continuar. Siguieron pasando los kilómetros y llegué al siguiente puesto donde sí había isotónicos y hielo, así que decidí cargar el camel y uno de los bidones con agua y hielo. El otro bidón lo llené con bebida isotónica y mucho hielo. Eso me permitió disponer de bastante reserva de líquido para llegar con garantías de continuidad al siguiente puesto y a la meta. Lo que nos aguardaba por delante era un potente ascenso por un sendero entre pinar donde el Sol nos seguía cocinando a gusto. Al terminar, se llegaba a una pista de tierra y, justo después, el descenso más técnico que he visto en mi vida. Sólo faltaba que nos dieran unos arneses y cuerdas para rapelar. La organización, previendo que alguno podría llegar allí con los reflejos muy mermados, había dispuesto un equipo de rescate tanto en el inicio como al final del descenso que terminaba en una arista de roca unos 20 metros antes de llegar al muro de la Presa de la Candelaria, junto a la Mesa de Acusa. Allí abajo, el termómetro marcaba con justicia los 40º. Se llegaba después a una pequeña pista de tierra, donde me encontré con Nacho Díaz-Reixa que ya llevaba los pies cascados por el calor, y luego a la carretera donde estaba situado el último avituallamiento antes de la meta. Allí volví a encontrarme con Indi que, para entonces, ya iba bastante tocado pero con fuerzas (¡Quién pudiera soportar el calor como lo haces tú, tío! Bueno, tú dirás lo mismo de mi resistencia al frío).
La Croix de Fer (Jejejeje, es que cuadró, lo siento!)
El último ascenso ya no era dentro de pinar sino al lado del pinar. Con esto quiero decir que, es verdad que de vez en cuando había algún pino que daba sombra (bajo la cual me llegué a encontrar a cuatro compañeros de horno sentados recuperando energía), pero el resto del camino era un ascenso ininterrumpido, más suave que los anteriores, pero ininterrumpido por unos escalones naturales de roca, escalando el Monte del Brezo por la vertiente oeste. El viento cálido del sur seguía soplando suave, pero seco, al interior de nuestros ya debilitados pulmones y el astro rey nos daba el último vuelta y vuelta para acabar de cocinarnos. Se podía sentir incluso el calor reflejado por las rocas, de modo que nos quemábamos desde arriba y desde abajo. Cuando por fin parecía que habíamos llegado arriba, un grupito de corredores que no nos habíamos dividido desde los últimos 2km, nos dimos cuenta de que era un espejismo, un cruce con una pista de tierra y que debíamos seguir ascendiendo por roca desnuda y, ya por fin, más adentrados en el pinar. Cuando pude divisar ahí cerca las antenas de Artenara y el letrero de la Red de Senderos del municipio cumbrero, ya sabía que sólo quedaba bajar y casi al final una última subidita unos cien metros antes de la meta. Durante esa última subida, pasamos justo al lado de la piscina municipal donde estaban disfrutando de un refrescante baño nuestros compañeros de carrera (los que habían llegado mucho antes, claro) y, qué quieres que te diga, es un palo cuando estás comenzando la última rampa. En ese momento, Juan Alemán me pregunta que cómo entramos en meta y yo, parafraseando a Iker Karrera en la última Transvulcania, le respondí "yo no te voy a esprintar", así que me propuso trotar en la última bajada por la carretera que da entrada al pueblo y entrar cogidos de la mano en alto. Así lo hicimos y fue un momento que llevaba horas deseando que llegara, por fin! Ni en la Transgrancanaria de 2008 había sufrido tanto. A mí el calor me destroza y ayer el Sol junto con el viento sur me puso en mi sitio. De haber sido otras las condiciones meteorológicas, de haber hecho fresco o frío, otro gallo me hubiera cantado. Pero ayer no, ayer la cuestión desde el kilómetro 15 era seguir, seguir, no rendirse nunca, seguir y llegar. Como la vida misma. Al final, quería terminar en menos de 6 horas y mi tiempo fue de 5:59:59. Niquelado!
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