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miércoles, 9 de abril de 2014

The North Face® Transgrancanaria® 2014 (Mis errores de veterano 2ª edición)

Se dice que el ser humano es el único que tropieza dos veces sobre la misma piedra... y además sabiendo que es la misma piedra.

No aprendo

Previamente a la carrera había entrenado como nunca antes lo había hecho. A mi cuerpo le he metido volumen para dar y regalar. Me sabía hasta el nombre de cada pinocha (pinaza) del condenado cortafuegos del Pico de Las Nieves. He subido Tamadaba no sé ni cuantas veces. A mis piernas ahora les gusta incluso correr cuesta arriba, debe de ser por la costumbre. Me quité cerca de 7kg para llegar lo más fino posible a la salida. En Navidades y fin de año tuve que cerrar el pico para no coger peso antes del maratón de Gran Canaria y así poder continuar la progresión de entrenamientos. He sacrificado infinidad de horas para poder entrenar, he dejado la Escuela Oficial de Idiomas (es tut mir leid, Schatz!)... vamos que para este año me lo había tomado MUY EN SERIO. Gracias a la ayuda de Juan Carlos, de Canary Sport y su asesoramiento con los productos Overstim·s, gracias a Sergio Soliño con quien he tenido el gusto de entrenar cientos de horas bajo todas las condiciones climáticas posibles en esta isla nuestra de Gran Canaria y gracias a Sarito, que ha tenido que ver cómo dejaba de lado mi formación en lengua alemana para irme a trotar al monte como un cabra loca, gracias a todas esas personas, este año iba preparado de verdad para hacer una Trans con buena letra.
Y todo para terminar cagándola dos horas antes de la salida, vistiéndome.
Yo conozco mi fisionomía y sé que tengo los muslos anchos. Esto me limita a la hora de decidir qué ropa he de ponerme para una carrera larga. Yo había entrenado los shorts GTD de The North Face hasta una distancia de unos 50km y todo había ido la mar de bien. Sin embargo, la carrera me tenía preparada una buena jugarreta. Pero empecemos la casa por los cimientos.

La salida

La salida de la Transgrancanaria es especial, ya sea como cuando se hacía por la Playa del Inglés-Maspalomas como ahora que se hace desde Agaete. En el pueblo norteño el ambiente es, si cabe, más especial aún. Parece el Alpe d'Huez, lleno de gente que te anima durante los primeros 300m de carrera por asfalto hasta que comienzas la ascensión hacia Tamadaba. Yo me había hecho un planning de llegar a las Casas Forestales del pinar a las 02:00 y terminé llegando allí con 10' de adelanto. Hasta aquí, bien, pero empezaron las molestias en el talón derecho, provocadas por un "taping" mal realizado (y aquí les doy un fuerte tirón de orejas a los de Decathlon, que han reducido la cantidad de adhesivo en el esparadrapo "tape" blanco hasta el punto de que, de casi no poder uno quitárselo, hemos pasado ahora a que no pega y, claro, se mueve y, claro, se enrolla y, claro, es una mierdaca). Pasé varios minutos a un lado de la pista de tierra intentando arreglar aquello. Valoré incluso quitarme el taping, pero decidí continuar porque suele dejar de doler al cabo de unas horas. Retomé el camino y me tiré cuesta abajo hacia Faneque y Tirma.

En el descenso de Tirma me encontré con Guillermo (Nortetrek) y Eva Pérez, con quienes continué en dirección al caserío. Como Guillermo es guía de montaña y conoce esa zona como la palma de su mano, él marcó el ritmo y todo el multicultural grupo le seguimos. Poco antes de llegar a Tirma saqué los bastones de la mochila y, al llegar al avituallamiento se estaba acabando el agua (que llegó en cuestión de 5 minutos, algo normal cuando para llegar a un punto de avituallamiento tienes que conducir por una pista de tierra). Se oyó algún comentario chorra como "Yo no he pagado tantos euros para que no haya agua..." y tal, pero yo, que vi cómo se acababa el bidón de agua y cómo llegaba en un furgón al cabo de unos 5 minutos doy fe de que pasó muy poco tiempo, así que déjense de chorradas. ¿Somos trail-runners o qué es esto?

En la pista de Tirma me gocé mi sandwich de crema de cacahuete, que me puso las pilas enseguida ¡Cosa rica, oiga! Hidratos, proteína, sodio... perfecto y comencé el ascenso hacia Altavista, tócate las narices. ¡¡¡Son sólo 2km, pero es una condenada pared!!!

El sendero entre Altavista y la carretera Tamadaba-Artenara resultó ser divertidísimo: un sube y baja de toboganes muy suaves, por sendero muy cómodo, entre pinos, que daba ganas de correr. Y eso hice. Allí recuperé algo de tiempo. En la carretera me encontré con que la organización había mandado un avituallamiento sorpresa de agua que nos vino muy bien y del que seguro nadie va a hablar (mucho criticar, pero cuando te ponen una ayuda no programada nadie dice nada, ¿No? ¬¬).

La subida del Brezo no se me hizo dura y mirando el reloj pude comprobar que mi plan de llegar a Artenara a las 6am ya era algo más que una utopía. Llegué a las 07:00. En el avituallamiento me reencontré con Guillermo y Eva y también vi a Juan Miguel y Wladi. Con ellos salí de Artenara, ya con el frontal apagado en dirección Juncalillo y Fontanales. La idea inicial de llegar a Fontanales antes de la salida de la Trans Advanced (8:00) era algo casi imposible de realizar.

El sendero hacia Juncalillo, es muy corrible y me dí un gustazo soltando patas y mirando los colores del cielo en el amanecer, hasta que sonó el despertador en forma de piedra y mis rodillas se fueron al suelo. a la mierda mi intento de acabar 4 carreras sin caerme. De momento van sólo 3. Procuré seguir corriendo ya que las piernas me lo permitían y así se fueron calentando. El dolor de la caída desapareció y sólo me preocupé de trotar y no quemarme en las subidas. La carrera empieza de verdad en Teror.

El camino entre Juncalillo y Fontanales fue un gustazo, bajadas divertidas, zonas rápidas, subidas cómodas para caminar y buena compañía. Lo mismo que ente Fontanales, Valsendero y Teror. La anécdota de la carrera: Llegando a Valleseco, a la salida de una curva, justo donde acaba un sendero estrecho y llegas a una pista de cemento, dos tipos nos paran para pedirnos... (prepárate) ¡Un autógrafo! Pero oye, a todos, eh? ¡¡¡Nunca me habían pedido un autógrafo!!! Y el tipo va y nos espeta "Buah! Tenías que haber visto como pasaron por aquí los primeros!!! ¡¡¡Sobre todo el Metallica (Timmy Olson)!!! Ños, ese cogió la curva esta y se marcó un punteo!!! JAAAAAAAJAJAJAJAJAJAJAJAAAAA XDDDDDDD #EpicLOL, momentazo de la carrera. ¡Chacho! Si hasta me quitó las fuerzas para seguir corriendo. "Se marcó un punteo", dice!!! Épico.

Dejado atrás al colega de los punteos y a su Tropi (todo sea dicho), continuamos nuestro camino hacia Teror, donde llegamos a las 11 de la mañana. Me digo "¡¡¡Bien, sólo una hora por detrás de mi plan!!!", pero ya me empiezo a encontrar algo bajo de energías. Me avituallo con Juanmi y Wladi, cargo Hydrixir y comenzamos el ascenso hacia el Talayón. Comienza a hacer calor.

Talayón y el error de cálculo

La ascensión al Talayón es dura, divisible en varias partes diferenciadas. El inicio es por unas escaleras entre casas, a las afueras de Teror, que te llevarán hasta la Carretera GC-41 que conecta esta localidad con la Vega de San Mateo. Después de caminar cuesta arriba unos 200 metros por la carretera, cruzamos y nos adentramos por otras escaleras que serpentean entre dos casas y que se convierten en un sendero entre eucaliptos. La pendiente crece mucho y en poco tiempo ya hemos aumentado la altitud. El sendero es precioso y muy visual ya que discurre a lo largo de un lomo, cresteando , lo que nos permite ver ambos barrancos, toda la Villa de Teror a un lado y el barranco de La Agujereada por el otro. La Agujereada es una gran roca con un arco a través del cual pasa un sendero, pero ese no es nuestro camino, debemos ascender en dirección a la Cruz de la Hoya Alta (sí, esa que se ilumina en las Fiestas del Pino). A partir de aquí, la ascensión se vuelve una repetición de rampones y llanos, rampones y llanos. En la Cruz de la Hoya Alta, un magnífico mirador de Teror y los alrededores, noto un bajón de tensión y me tengo que parar. Les digo a Juanmi y a Wladi que sigan su camino, no quiero retrasarles ni un minuto. Me adelanta un pequeño grupo de corredores, me pongo en pie y decido continuar el camino despacio para ir recuperándome a medida que avanzo metros hacia la meta.
Sin darme cuenta, el sudor de los 58km que ya llevábamos en las piernas se había ido acartonando en el short y me había empezando a rozar el interior de mis muslos, que no son precisamente de maratoniano. Si bien mi rendimiento se recuperó y el cansancio se redujo mucho por haberme metido un par de geles salados (aprovecho para decirle a los responsables de Overstim·s que al gel salado de cacahuete le podrían poner un puntito más de sal, como si fuera crema de cacahuete y lo bordarían), el simple hecho de caminar se convirtió progresivamente en un esfuerzo titánico por no abandonar. Y todo porque mover una pierna por delante de la otra me producía una quemazón brutal. Poco a poco, el roce del short ya me había dejado totalmente "sollado". A la altura del avituallamiento del Talayón ya no podía caminar bien, tenía que hacerlo "como los niños cagones", abriendo las piernas para evitar el roce, pero ni con esas, oye. Probé de todo, me puse vaselina (a manos llenas) tres veces, caminé con los muslos pegados, como un pingüino, con los muslos separados, nada. Había entrenado llevar sólo el short (sin FourQuad de Compressport -ya hablaré del tema en otra entrada, ahora no es momento) y como no había tenido problemas, pues me confié. Error. Los había entrenado en distancias de hasta 50km y, ya en el Talayón, te ves en el PK64 y el short se convierte en un papel de lija. Me eché agua por encima para disolver un poco la sal del sudor, volví a ponerme vaselina en las rozaduras, pero nada, la sensación (y no exagero) era como ponerme una plancha en los muslos. Si mi paso tras la Cruz de la Hoya Alta se había ralentizado, a partir del Talayón fue un infierno. Llegué a la Cruz de Tejeda como pude y me encaminé a uno de mis descensos favoritos, con la impotencia de no ser capaz de correr. 

Laguna mental

La bajada desde la Cruz de Tejeda (realmente, Degollada de Constantino, lo de la cruz es porque hay allí una cruz de piedra "mu bonita") hacia Tejeda por la finca de La Isa es una de mis bajadas favoritas. Normalmente, en entrenamientos, tardo unos 25 minutos en llegar a las primeras casas de Tejeda. Sé que en una carrera corta puedo tardar unos 20 minutos y que en un ultra, como es nuestro caso, tardaría más o menos lo mismo que en entrenos: 25 ó 27 minutos. La Transgrancanaria 2014 pasará a la historia de mi memoria como el día en el que tardé 1h16' en llegar a Tejeda desde la Cruz homónima. Ni haciendo senderismo había tardado tanto. Me arrastré cuesta abajo. Sufrí mucho. Lo único que me alegró el camino fue encontrar en la finca de La Isa a mis amigos Heidi y Floren. 

Recuerdo llegar a Tejeda, en medio de un calor abrasador y sentarme en el avituallamiento para volver a ponerme vaselina y mojarme un poco con agua la zona lastimada. Allí, en el PK71 pensé incluso en retirarme, pero claro, miré hacia arriba, vi el Roque Nublo sabiendo que la distancia no es demasiado grande y que después del Roque Nublo llega Garañón, donde me esperan mis lycras cortas. Me avituallé bien, volví a cargar hydrixir y me encaminé hacia el barrio de La Culata. 

A partir de este punto, entro en una especie de nebulosa mental. Me concentré en poner un pie delante del otro hasta llegar al Roque Nublo. Tanto me concentré que no recuerdo cómo llegué, sólo que tardé una eternidad en llegar. Quienes me devolvieron a la realidad fueron mis amigos de Neophron, Vicente, Mila, Ingrid y Max, quienes se encontraban en medio de una caminata del grupo de senderismo avanzado en dirección La Aldea de San Nicolás. ¡¡Qué tiempos!! 

Llegar al tablón del Roque Nublo y pasar el control de chips junto a "La Rana" fue un revulsivo. Para entonces, las rozaduras se habían empezado a cauterizar ellas solas y mi paso era algo más fluido. Bajé realmente despacio otra de mis bajadas favoritas, la que va desde la Degollada "de Emma Roca" (¿A que sabes a cuál me refiero?) hasta la base del sendero, junto al parking. Ahí comienza a la izquierda otro sendero que te lleva bordeando la carretera hasta el pequeño aparcamiento de la Presa de los Hornos. Poco después, ya con un paso algo más ligero, llegué al Campamento del Garañón, PK82 y fui directo a buscar mi bolsa, donde sabía que estaban mis lycras cortas.

Pude avituallarme, reponer mi bote de hydrixir, coger mi segundo sandwich de crema de cacahuete, mis geles, barritas, etc. Pedí permiso para salir de "La Catedral", que es como llamamos al aula grande que hay en el Garañón, para cambiarme y ponerme las lycras. Cuando uno está rozado en la parte interna de los muslos, junto a las ingles, y se pone unas lycras, la sensación es indescriptible, "mano de santo". Me volví a poner los shorts por encima de las lycras y me sentía como un hombre nuevo.

Como por ese entonces ya me dolían las plantas de los pies de tanto cambio de desnivel y de tanta zona técnica, decidí no cambiarme de medias de compresión, sino quitarme las medias, limpiar la planta de los pies, aplicar un poco de IcePower, quitarle a las medias toda la tierra que tenían, ponerme las medias limpias de la bolsa y, sobre éstas, las que ya traía desde la salida, con lo que se mejoraba algo la amortiguación.
Puse pilas nuevas al LedLenser, guardé mi material en la bolsa, cogí algo de queso del avituallamiento y me encaminé a la salida. Caminar ya no era un sufrimiento y me empecé a encontrar anímicamente muy, muy bien.

El resurgir

Al salir del Garañón ya sabía que en pocos minutos se pondría el sol y caería la noche. También sabía que mi proyecto de llegar en 22h era del todo imposible y que, como mucho, podría llegar a meta a las 4 de la madrugada, teniendo en cuenta la cantidad de horas que había invertido desde El Talayón hasta el Garañón. De hecho, en entrenamientos, sin ir "a cuchillo" había tardado 2h30' en llegar desde la Cruz de Tejeda hasta el Roque Nublo y, el día de la carrera, creo que tardé unas 6h aproximadamente. 

Comencé el ascenso por el cortafuegos del Pico de Las Nieves con ánimo y energía, tomándome un gel antioxidante y un Coup de Fuet, que me mantendría atento algo más adelante en el descenso por La Plata. Llegué al Pico de Las Nieves con muchas energías y me tiré al descenso, comprobando que ya no me dolían nada las rozaduras, ni las sentía y las platas de los pies no notaban las piedras del camino. Encendí el frontal porque ya era necesario y empecé a adelantar a otros corredores. Durante el descenso me encontraba cada vez mejor, podía correr, había una sonrisa en mi cara, notaba el fresco de la noche y la maravillosa sensación de libertad que te da el correr en medio de un bosque, con un sendero sin dificultad, que además conoces por haberlo entrenado miles de veces, y al ver que las luces rojas -que llevamos los corredores de la Transgrancanaria en la parte trasera- de los que iban por delante de mí se acercaban cada vez más. Por fin había superado el mal momento de Tejeda. Me daba rabia el haber invertido seis horas en recorrer una distancia que sabía que podía haber cubierto en 3 y eso me impulsaba a correr sin parar por el sendero hacia los Altos de Pargana. En medio del descenso por el Paso de la Plata me encontré con Kristina Tille, pareja de Andreas, una de las alemanas del grupo de cuatro que vienen a la Trans como parte de sus vacaciones desde hace cuatro años. Es una titana, muy fuerte, al llegar hasta ella le pregunté que qué tal iba y su respuesta fue como una losa "Sccchleeecht". Lo dijo despacio, con una cara que daba verdadera lástima. Se notaba en su rostro que lo único que quería era que se acabara ya ese suplicio. Y aún le quedaban más de 30km por delante.

Sangre y reencuentro

Llegué a la Cruz Grande sin dejar de adelantar corredores y comencé a bajar en dirección a Tunte por el Camino de Santiago de Gran Canaria. Cogí el teléfono móvil para avisar a Sarito de que aún tardaría bastante en llegar a meta y que fuera pensando en las 3am ó 4am como mi hora de llegada, pero que paradójicamente, me encontraba mucho mejor y que estaba adelantando corredores. Mientras hablaba por teléfono con ella, veo en el camino una gota de sangre, a los dos metros, otra y así, sucesivamente. Alguien debía de haberse dado una soberana galleta. Continué mi rápido descenso y llegué a Tunte con algo de energía, aunque también notaba que había gastado mucha azúcar por la velocidad. En el avituallamiento, sorpresón agradable, Guillermo y Eva, a quienes no veía desde que yo llegué a Garañón y ellos salían rumbo al Pico. Comí algo, bebí dos vasos de cola y decidimos continuar el camino hacia la Degollada de la Manzanilla juntos. En la salida del avituallamiento, otra sorpresa, María Barrera, nuestra amiga de senderismo y casi incondicional de los avituallamientos de la Trans, me dio un fuerte abrazo a la salida del de Tunte y recuerdos para Sarito. Grande, María, grande!!!! Con Guillermo y Eva había otra corredora, cuando me dí cuenta, otro sorpresón, Ulla Kaufmann, la pareja de Rolf, también del grupo de alemanes, a quien no había visto en la salida de Agaete. En ese momento, caí en la cuenta -al ver su dorsal- de que ella participaba en la prueba Advanced, de 82km. Estaba empezando a alcanzar a corredores de la segunda larga. Le dije que había visto a Kristina y que iba mal. A la postre, llegarían juntas a meta.

Saqué mi sandwich de crema de cacahuete y sólo le pude dar un par de mordiscos. En la ascensión hacia la Manzanilla comencé a pagar el cansancio y el descenso a Tunte, me sentía mareado y tuve un bajón muy gordo, todo el sendero se movió a mi alrededor. Eva me ofreció gominolas -pastillas de goma- y eso me subió el azúcar. Intenté darle otro mordisco al sandwich, pero era imposible, mi cuerpo se había cansado de crema de cacahuete (para el año 2015 el segundo sandwich tendrá dulce de leche y Nocilla® -nada de nutella, ¡¡Nocilla!!, que es producto nacional) y necesitaba cosas dulces. Me tomé la segunda mitad del gel Antioxidante y continué el ascenso. Al llegar a la Manzanilla, aproveché la parada para descansar un poco. Ya habíamos llegado al punto elevado del "descenso" (¡Bienvenido a la Trans!) y mi cuerpo aún estaba subiendo. A esas alturas de la carrera, ya estaba agotado. Muchas horas pateando y muchas más despierto. Con renovadas fuerzas, continuamos el ascenso y, al llegar por la pista de tierra a un punto donde comenzaba a picar hacia abajo, comencé a trotar, alentado además porque desde allí se veía Maspalomas, se veía el Faro, la recta del cauce del Barranco de Tirajana, se veía ¡¡La Meta!! Ufff, me eché a correr, corrí por la pista de tierra todo lo que pude en el descenso, miraba al cielo y veía las estrellas y, en un momento, pasó cruzando el negro fondo estelar una estrella fugaz de color amarillo que se perdió en la noche tras las siluetas de los pinos. En el descenso, me saludan, pero por el frontal no reconozco la cara y me dice "Dani, soy Tere" ¡Tere! Compi del C.D. Arista, andaba a buen ritmo pensando sólo en la ansiada meta de la Trans. La animé, me despedí de ella y seguí corriendo en persecución de las lucecitas rojas que tenía por delante. Tras una segunda ascensión hacia el Lomo de Garito, me enganché a un grupo que se encaminaba a la degollada del mismo nombre. El primero del grupo, un alemán muy alto, comenzó a bajar despacio, con dificultad, evidentemente los kilómetros no pasan en balde y el germano ya empezaba a crear un tapón y a retrasar a los que veníamos con mayor velocidad. En una de las curvas del vertiginoso descenso (suerte que lo hicimos de noche, porque de día se ven perfectamente los "patios" a los que te puedes caer si resbalas o tropiezas donde no debes), el alemán se hizo a un lado y aproveché para adelantarlo. Oí detrás de mí cómo otros dos tipos me siguieron los pasos en uno de los descensos más duros y descarnados del UTWT. Poco antes de llegar a Arteara me reencontré con José María Izquierdo y entramos juntos al avituallamiento de Arteara, a 30km de meta.

It's a Long Road

Conozco a Jose María desde hace muchos años, incluso del trabajo. Lo he visto en muchas carreras y sé que no es lento. Camina a muy buen ritmo y tiene un final muy fuerte. Sabía que si no me despegaba de él, podría llegar a meta antes de las 4am. Nos avituallamos y emprendimos el camino hacia las interminables pistas de tierra del Barranco de Tirajana. ¡¡Caray, cómo caminas, Jose!! Claro, con algo más de 1'80cm de estatura, la zancada de Jose María me obligaba a imprimir un ritmo fuerte y a bastonear con ganas para no perder comba. La ruta por las pistas de tierra fue un recital suyo recogiendo cadáveres. En las cuestas abajo trotábamos adelantando a los que sólo podían caminar. Así, con un ritmo fuerte para las horas que llevábamos dándole a la zapatilla, llegamos al avituallamiento de La Machacadora, a sabiendas de que sólo faltaban 8km para llegar a meta. Casi no paramos, yo bebí dos vasos de cola -que ya me empezaba a dar arcadas- y cogí dos buenos puñados de frutos secos para recuperar sales y no decaer. Es muy chungo cuando una bebida te produce aquello que se supone que impide. Sabía lo que iba a ocurrir al llegar a meta. Lo que no quería era que sucediera EN la meta. Da una imagen muy mala.

Poco después de la Machacadora, entramos en el largo, largísimo, eterno cauce del Tirajana. Cuando en las Trans de hace más de dos años empezábamos por ese cauce, no nos dábamos cuenta de lo largo que era ni de lo incómodo que resulta correr por su irregular superficie. Cuando llevas 120km en las piernas, es un infierno. De todos modos, procuramos pasar de la mejor manera por debajo de los nueve puentes que lo cruzan, sabiendo que, con paciencia, llegaríamos a la escalera que nos conduciría al paseo. Cuando por fin llegamos a ese punto, subir siete escalones no fue nada fácil. Llegamos al paseo y nos echamos a trotar para perder el menor tiempo posible.

Terminamos el paseo y ya sabíamos que la meta estaba delante de nosotros, aunque aún no la viéramos, llegamos a la altura de la Charca de Maspalomas y me encuentro con Estrella, entrenadora y corredora del Club Arista que me felicitó y me animó. Entramos en la zona de arena, rodeamos el Faro de Maspalomas, echamos de menos el sonido de música de meta y la voz del speaker, y encaramos la línea de meta. Le digo a José María que pase delante de mí, porque ha sido él el que ha venido marcando el ritmo desde Arteara. Pasamos sobre la última alfombra de chips y entramos en meta de la mano.


META!!!!! Por fin!!! Por fin, meta!!!! 27h26'17", son casi las 3:30am y estoy muy feliz porque sé que he entrenado mucho y bien, sé que la minutada ha sido por culpa de un "experimento" con el short y sé que mi plan de alimentación en la carrera estaba bien ideado. También sé que, de no haber tenido problemas de rozaduras, podría haber llegado a meta en 23h o menos, que era mi plan.


Otra Transgrancanaria más y ya van 4 largas (2010, 2011, 2013 y 2014) y 2 Sur-Norte (2009 y 2012)




Aprendizaje clave para Lavaredo Ultra Trail®: Salir con lycras desde el km 0, sandwich salado al principio y sandwich dulce al final. Gominolas para los últimos kilómetros y llegar con piernas a la parte final. Ah, y parar poco en los avituallamientos.






¿Que cuál era mi plan de alimentación?
Ea, aquí va:
 P.d.: Ah, al final no llegué a vomitar nada. Estómago to-tal-men-te vacío.



2 comentarios:

  1. Gran carrera Dani, lo importante es superar todas las adversidades y terminar con un buen sabor de boca por haber luchado y haberlo hecho lo mejor posible. Nosotros sabemos de primera mano que estas aventuras son muy largas y que muchas cosas se quedan fuera del alcance por muy experimentado que sea uno, por eso nos gusta tanto, si fuera fácil no sería tan divertido. Muy bien contada tu experiencia y me alegro mucho de haber vivido parte de la experiencia con un viejo ultrero como tu con tantos km en las piernas.. Grande Dani!! Y mucha suerte y fuerza en Lavaredo..

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  2. Muchas gracias, Juanmi!!!!! Un honor para mí haber compartido kilómetros, avituallamientos y punteos contigo!!!! ;-) Aunque en estos momentos estoy en dique seco, nos vemos pronto por esos montes!!! O por el Guajara!!!

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