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martes, 19 de mayo de 2015

The North Face Transgrancanaria 2015 - dos carreras en una

La Transgrancanaria 2015 comenzó para mí justo al cruzar la meta de la edición 2014. Sabía perfectamente que podría prepararme mejor y terminar la Trans en menos de 24h.

A partir de entonces, dediqué mis entrenamientos a un único objetivo: terminar la Trans 2015 en menos de un día.

2015 llegó, dejé atrás un esguince de tobillo, varias carreras en mi tierra, un mejor tiempo personal en Artenara Trail y un Lavaredo Ultra Trail.

La semana antes de la trans, ya andaba yo deseando que llegara el día de la carrera. Estaba realmente harto de entrenar, no me malinterpreten, me encanta reunirme con Sergio y Juan Carlos para dejarnos las patas por la montaña, simplemente, quería ponerme el dorsal y correr. Justo el fin de semana anterior, decido que quiero pasar ese fin de semana en El Garañón, en altitud. El viernes, subimos a la cumbre y ya noto que me empieza a picar la garganta y noto que la rinitis va a acompañarme en ese finde. En la cena, conocemos a Jordi Gamito, que venía de hacer un 5º en los 100K de Hong Kong y que ya estaba en la isla preparando la carrera. Mis sospechas al respecto del picor de garganta se vieron desgraciadamente confirmadas el sábado por la mañana. No me podía levantar de la cama, pasé la noche sudando y temblando, tenía fiebre y me mareaba al levantarme. El equipo de televisión que iba a grabar el programa de EuroSport iba a venir a hacerme una entrevista (también querían sacar a un corredor "del montón", pero con experiencia y yo cumplía con el perfil) y no podía casi ponerme en pie. Cuando decidí que teníamos que ir a buscar medicinas de verdad a la farmacia de Tunte, salimos de la cabaña y, de camino al coche, vemos a dos chicos que se nos quedan mirando mientras sacaban un montón de equipo de grabación de su coche. Les pregunté si eran ellos y sí, y además el entrevistador también tenía fiebre. Ante aquel panorama me dí cuenta de que, si ellos también se habían levantado de la cama y habían conducido hasta allí arriba, tenía que hacer la entrevista. Total, eran sólo 10 minutos. El final, no quedó tan mal.



El domingo ya me encontré mucho mejor y pude incluso ir a entrenar un poco con Jordi Gamito y con el canadiense, nacido en Reunión, Florent Bougin, un "pro" de The North Face Canadá.Me los llevé a l talayón y allí mismo me dí cuenta de que estos tipos corren en otra liga; iban como tiros, no dejaban de trotar por toda la subida. Yo bastante tenía con la tos que no me dejaba proseguir. Esta tos tendría mucho que ver en el resultado de mi Transgrancanaria, menos de una semana después.

Pasé toda la semana tosiendo sin parar, medicándome sin meterme antibióticos porque sé el resultado que tendría en mi carrera. En este punto, ya debería haberme olvidado de mi primer plan y volver al de ser finisher.

El día de la carrera
Desperté con ilusión, como un niño (y, reconózcanlo, como todos nosotros) el día de navidad o de reyes. Por fin llegaba el día en el que competir contra el reloj, contra la climatología y contra uno mismo con uno mismo. Durante la semana, ya me habían avisado de que se preveía calima para el día de la carrera.
El amigo Juan Carlos me recogió alrededor de las 10 de la noche, con el gran Alcides y su pareja, que le iban a hacer las asistencias. Llegamos a Agaete y ya se notaba el viento y alguna que otra ráfaga de aire caliente. Saludamos a toda la peña, nos reencontramos con Adolfo Suárez (juro que se llama así), un corredor con un corazón de acero que fue a ver la salida al Puerto de Las Nieves. Yo ya me había recuperado algo durante la semana, pero aún tenía algo de tos y los pulmones muy castigados. Nos situamos en la línea de salida y el gran Depa presenta a los "pros" que han venido desde todo el mundo a correr.

Comienza la cuenta atrás, 10, 9, 8... con las manos compruebo que tengo todo bien colocado, llevo los bastones en la mochila porque sé que no los voy a utilizar hasta llegar a Tirma, 4, 3, 2, 1... arribaaaa!! Salimos trotando y los de delante salen como si estuvieran corriendo una San Silvestre. La peña está muy loca. Al trote, llegamos a la casa de los huevos y empezamos a ascender hacia la carretera. Como yo sé la semana que he pasado, decido ir a mi ritmo, despacito, calentando el motor del tractor, ya habrá momentos por delante para dar felpa. Cojo un carril por la izquierda y dejo que todo el mundo me vaya adelantando. Llegamos a la carretera de la Aldea, cruzamos y comienza la ascensión hacia Berbique por la pista de tierra. De momento, todo bien, pero noto que los pulmones no se llenan del todo. Hum... chungo.

Termina la pista de tierra y empieza el sendero hacia el Lomo del Manco, bien, no puedo llenar los pulmones, pero miro el reloj y los tiempos van bien, a ritmo normal, todo controlado. Llego al cortado de la virgen en 45 minutos, (pienso "chachi, eso significa unos 55 minutos más o menos en Berbique") y subo tranquilo. En las zonas donde pega el viento, viene con algo de arena; en las zonas azocadas, por el contrario, aumenta la temperatura y es medianoche. Llego a Berbique, increíble, hay gente en la era, esperándonos y animando. ¡Qué grandes, han subido hasta aquí arriba para animarnos! ¡¡Gracias!! Me acerco a chocarles las manos y me lo agradecen ¡¡Vamos, ese Arista!!

Comienza la ascensión del Camino de los Romeros hacia Tamadaba. Los pulmones no trabajan bien y me tengo que parar un par de veces a intentar llenarlos. Nada, no hay nada que hacer, no se llenan ni forzando. Comienzo a toser un poco. Me tranquilizo a mi mismo modificando mi ritmo, hay zonas en las que sé que puedo trotar, pero hoy no es el día. Camino procurando no pararme, pero tengo que coger aire. Aún así, llego a los carteles en 1h 40' y me sorprendo a mí mismo. Esperaba hacer un poco más, teniendo en cuenta el ritmo al que he subido, pero no está mal. Me tengo que parar en los carteles para coger aire, tomar un trago de un gel y algo de agua. Además, por la hora que es, toca pirula de sales, la de BCAA me la tomaré antes de la bajada a Tirma. En el pinar, troto algo, para no perder comba y llego a las rampas empedradas, ya estoy en la carretera, 2h, perfecto. Todo bien, controlando el ritmo. En el avituallamiento, no tardo ni 2 minutos, cogo chocolate, trozos de naranjas, relleno agua en un bidón, saco la taza, bebo algo de cola y me despido, salgo del avituallamiento y, a medida que progreso por la carretera que va hacia las casas forestales, noto el aire caliente con tierra. Poco después veo a David, uno de los organizadores de la carrera, y me acerco a saludarlo ¡Ya decía yo que no lo había visto en la salida!

Comienza la bajada hacia Tirma, el camino está muy seco, me encuentro con el gran Víctor Luis de Pedro Goiri, que va a buen ritmo, tractoril, como el mío, y me dice que pase yo delante, que él se tiene que parar un momento. Sigo bajando y parece que los pulmones se recuperan un poco porque puedo acelerar el paso. Me divierto, adelanto a corredores y me engancho a un grupo que baja a mi ritmo. Uno de ellos me pregunta si quiero adelantar, pero como tampoco voy más rápido que él, le digo que no. Como el descenso es muy polvoriento y han pasado por allí varios cientos de corredores antes que nosotros, se nos mete tierra en los ojos y en la boca. Utilizo el Buff y me protejo. Bastante perjudicados tengo los bronquios, después de pasar una semana y pico tosiendo, como para dejar que me entre más tierra. ¡Iluso de mí, no sabía lo que me esperaba más adelante!

El sendero hacia Tirma es a veces técnico y a veces rápido. Llego al fondo de un barranco, después de pasar la zona de las cuerdas, y empiezo la subida, los pulmones me vuelven a dar la lata. Llegando al Caserío de Tirma, oigo por detrás de mí una voz conocida. Miro para detrás y veo a Sandra Moreno, que viene al trote con otra chica. Me preguntan que qué tal y les digo la verdad, no es mi día, al golpito. Me adelantan y les intento seguir el paso, pero es imposible, empiezo a sibilar, los bronquios se me cierran por culpa de la calima. Llego a Tirma, cojo agua y meto un sobre de Recupelix de Vainilla, frutos secos y saco mi sandwich de Nocilla (sí, Nocilla, nada de Nutella, que si en Italia no compran producto español, yo en España no tengo por qué comprar producto italiano cuando aquí ya tenemos el propio).

Empiezo a comer el sandwich y me rindo ante el sabor del chocolate y la avellana, ¡Riquísimo! Le meto un buche al bidon de Recupelix y flipo con el sabor a vainilla del recuperador, dejando atrás la desagradable experiencia de Lavaredo, donde la lata se calentó en el coche y agrió el producto, haciéndolo imposible de tomar en la carrera. Pero hoy no, hoy el Recupelix estaba como siempre, perfecto y delicioso. Pensé incluso en pararme a comer con tranquilidad, sabiendo que delante tenía un cuestón corto, pero con pendientes muy duras. Me termino la comida y justo a la entrada del sendero, saco los bastones de los enganches de la mochila Grivel y "a paso tractor" comienzo la ascensión hacia Altavista. La pendiente es dura, pero como en el Training Camp de Arista en enero pudimos entrenar esa zona, la tenía fresca en la memoria. Mirando al suelo y sin parar de avanzar, llego a la pista de tierra y me meto un buche de agua y mastico la pastilla de BCAA que no me tomé en Tamadaba. De momento, la ascensión va bien para mi estado de salud. He dejado de toser, pero los pulmones siguen imposibles de llenar.

El camino de ascensión a la degollada sale a la izquierda y yo continúo con mi ritmo. El aire cada vez está más cargado de tierra. Miro hacia Tamadaba para ver si se ve todavía bajar algún frontal y desde la mitad del Risco Faneque hacia abajo no se ve nada de nada, hay una nube de calima que lo tapa todo. Al poco, me mareo por la cerrazón de los bronquios y me siento un momento en una piedra. Uff, sólo quiero llegar a Altavista y corretear como pueda hasta Artenara. Me adelanta un corredor y me anima. Retomo el camino y bajo el ritmo, como hice en el Kili, para asegurar la progresión. Lento, pero seguro.

Cuando llego a la degollada el viento trae tanta tierra que parece niebla a la luz del frontal. Se ve venir incluso los granos de arena, que se meten en los ojos y en la garganta. aunque hay Luna llena, no se adivina el perfil de la isla. Lástima, hubiera sido grandioso ver la isla iluminada por la Luna en plena noche. Me adentro en el bosque en dirección a Altavista y me empiezo a encontrar muy débil. He vuelto a toser y los bronquios no me dejan avanzar tranquilo más de un kilómetro sin obligarme a parar para recuperar el aliento. Finalmente, en pleno zig-zag de ascensión final a Altavista, se me mueve la montaña y me tengo que sentar a los pies de un pino. Bebo agua con Hydrixir de menta, hago gárgaras, busco un gel antioxidante de Overstim·s con sabor eucalipto que me ayuda a abrir los bronquios un poco y me refresca la garganta. Mojo el Buff con agua, porque estaba completamente seco aunque lo llevara al cuello y me lo pongo delante de la boca. Por fin, llego a la Degollada de las Lajas del Jabón, pero me cuesta avanzar.

Estoy muy débil, mareado y me cuesta respirar; por el camino, adelanto a una chica y le pregunto en inglés qué tal lo lleva y me dice que está muy mal, mareada y que anda con diarreas y que ha vomitado todo lo que ha comido; miro su dorsal y veo que es alemana, Julia, aunque habla un inglés extraordinariamente correcto (para una alemana), me dice que va a abandonar y le digo que bienvenida al club, que yo no puedo casi respirar por mi alergia al polvo y que también ando muy desfallecido, cuando me dispongo a dejarla atrás, me pregunta que si podemos ir juntos, ya que ambos vamos a abandonar y le digo que sí. Intento que aceleremos el ritmo "por si acaso", pero tiene que pararse varias veces a echar el demonio por la boca. Yo, en las cortas rampas del sendero también debo parar porque mis bronquios han vuelto a cerrarse. Lo tengo claro, el lunes tengo que ir a trabajar y yo pago por correr, esto es un hobby y no me lo estoy pasando nada bien. No quiero comprometer una bronquitis por una carrera, aunque sea mi carrera preferida. Nuestra progresión es bastante lenta y alcanzamos el control sorpresa de "Altavista", donde me llevo la segunda sorpresa, mi amigo montañero Hugo, que es quien nos valida el paso con el lector de chips.

Continuamos en dirección hacia Artenara, pero nuestra velocidad es "de risa"; nos tenemos que parar a cada momento porque Julia está muy desfallecida, paradas que yo agradezco porque no puedo respirar bien y las sibilancias son cada vez más fuertes. Los bronquios me impiden incluso caminar rápido. Se nos hace de día en plena subida al Brezo. Miro el reloj. Increíble, a estas horas, en circunstancias normales, yo debería estar en Fontanales o de camino a Valsendero. Pero hoy no es mi día. Si ha habido un día en todo este año desde la Trans de 2014 en el que yo no debería estar en la montaña, ese día era hoy. La tierra de la calima puede masticarse. Finalmente, llegamos a la cima del Brezo y comenzamos el descenso. Miramos el reloj y vemos que, aparte de abandonar, es que vamos a llegar fuera de control. Hay una familia que está esperando a una corredora y oímos unos pasos corriendo detrás de nosotros. La corredora nos adelanta y la familia en cuestión le dice que tiene dos minutos para entrar en meta. No hay nada como llevar el reloj adelantado, según mi reloj, ya estábamos fuera. Por detrás volvímos a oir una carrera y vemos a un corredor que baja la cuesta de asfalto como un tiro para llegar a meta tiempo. Nos pregunta que cuánto tiempo le falta para el cierre y le digo que un minuto, pero que no se pare ni subiendo. Cuando el tipo llega a la rotonda, gira a la derecha y le tenemos que pegar un buen par de gritos para que volviera y se dirigiera al camino correcto. Al llegar nosotros a la rotonda, vemos que el suelo está plagado de flechas que apuntaban a la dirección correcta y nos reímos, aquel iba ciego perdido.

Nos encaminamos hacia la plaza de Artenara, sabiendo que son nuestros últimos metros en carrera. Ya no me importa ni el tiempo, ni nada, sólo quiero que me lleven a la meta y meterme bajo la ducha. Estoy totalmente exhausto y me cuesta respirar. Al llegar a Artenara, le digo al del control que queremos abandonar y él nos responde que, en realidad, estamos fuera de control. Le respondo que elija la opción que más le guste, pero que yo no puedo más. Le preguntamos que cómo nos lleva la organización a meta y nos comenta que nos suben en un minibus hasta El Garañón y, desde allí, en las guaguas de la organización, nos llevan hasta Meloneras. La cosa es que las guaguas en cuestión son las que previamente habrán llevado a los corredores de la TransMaratón hasta su línea de salida y entre los participantes está Sarito. No me hace gracia que Saro sepa que he abandonado porque sé que se preocuparía durante toda la carrera. Entretanto, Julia ha llamado a unos amigos que han decidido coger el coche y recogerla. Me propone que me pueden llevar hasta la línea de meta y lo agradezco.

Nos recogen, me dejan en la rotonda que hay junto al hotel Baobab y paso el resto del día, de pie, disfrutando con la llegada de los primeros de la carrera, animando a mis amiguetes recién conocidos, Jordi Gamito y Florent, animando a mi primo Acaymo en sus últimos metros antes de meta y animando a Sarito.

Acaba el día, de noche. Nos vamos al coche y a casa de un amigo a ducharnos. En la ducha, vuelvo a toser y lo que sale es sangre. Me asusto. Al preguntar a una médico, me tranquiliza. Llevo casi dos semanas sin parar de toser y con mucha muchosidad en los bronquios, además de toda la tierra que he tragado en 24 horas. De la misma manera que sucede cuando uno se suena la nariz con fuerza, también en los bronquios pueden romperse capilares y salir la flema con sangre.

Y así acabó una Transgrancanaria a la que fui con muchísimas ilusiones y súper preparado (para mi nivel) y en la que no pude disfrutar casi nada. Dos carreras en una, la de la ilusión y la preparación, y la de la asfixia y la alergia ¡A por la del 2016!

Pero antes... ¡A por el Tor Des Geants!

miércoles, 9 de abril de 2014

The North Face® Transgrancanaria® 2014 (Mis errores de veterano 2ª edición)

Se dice que el ser humano es el único que tropieza dos veces sobre la misma piedra... y además sabiendo que es la misma piedra.

No aprendo

Previamente a la carrera había entrenado como nunca antes lo había hecho. A mi cuerpo le he metido volumen para dar y regalar. Me sabía hasta el nombre de cada pinocha (pinaza) del condenado cortafuegos del Pico de Las Nieves. He subido Tamadaba no sé ni cuantas veces. A mis piernas ahora les gusta incluso correr cuesta arriba, debe de ser por la costumbre. Me quité cerca de 7kg para llegar lo más fino posible a la salida. En Navidades y fin de año tuve que cerrar el pico para no coger peso antes del maratón de Gran Canaria y así poder continuar la progresión de entrenamientos. He sacrificado infinidad de horas para poder entrenar, he dejado la Escuela Oficial de Idiomas (es tut mir leid, Schatz!)... vamos que para este año me lo había tomado MUY EN SERIO. Gracias a la ayuda de Juan Carlos, de Canary Sport y su asesoramiento con los productos Overstim·s, gracias a Sergio Soliño con quien he tenido el gusto de entrenar cientos de horas bajo todas las condiciones climáticas posibles en esta isla nuestra de Gran Canaria y gracias a Sarito, que ha tenido que ver cómo dejaba de lado mi formación en lengua alemana para irme a trotar al monte como un cabra loca, gracias a todas esas personas, este año iba preparado de verdad para hacer una Trans con buena letra.
Y todo para terminar cagándola dos horas antes de la salida, vistiéndome.
Yo conozco mi fisionomía y sé que tengo los muslos anchos. Esto me limita a la hora de decidir qué ropa he de ponerme para una carrera larga. Yo había entrenado los shorts GTD de The North Face hasta una distancia de unos 50km y todo había ido la mar de bien. Sin embargo, la carrera me tenía preparada una buena jugarreta. Pero empecemos la casa por los cimientos.

La salida

La salida de la Transgrancanaria es especial, ya sea como cuando se hacía por la Playa del Inglés-Maspalomas como ahora que se hace desde Agaete. En el pueblo norteño el ambiente es, si cabe, más especial aún. Parece el Alpe d'Huez, lleno de gente que te anima durante los primeros 300m de carrera por asfalto hasta que comienzas la ascensión hacia Tamadaba. Yo me había hecho un planning de llegar a las Casas Forestales del pinar a las 02:00 y terminé llegando allí con 10' de adelanto. Hasta aquí, bien, pero empezaron las molestias en el talón derecho, provocadas por un "taping" mal realizado (y aquí les doy un fuerte tirón de orejas a los de Decathlon, que han reducido la cantidad de adhesivo en el esparadrapo "tape" blanco hasta el punto de que, de casi no poder uno quitárselo, hemos pasado ahora a que no pega y, claro, se mueve y, claro, se enrolla y, claro, es una mierdaca). Pasé varios minutos a un lado de la pista de tierra intentando arreglar aquello. Valoré incluso quitarme el taping, pero decidí continuar porque suele dejar de doler al cabo de unas horas. Retomé el camino y me tiré cuesta abajo hacia Faneque y Tirma.

En el descenso de Tirma me encontré con Guillermo (Nortetrek) y Eva Pérez, con quienes continué en dirección al caserío. Como Guillermo es guía de montaña y conoce esa zona como la palma de su mano, él marcó el ritmo y todo el multicultural grupo le seguimos. Poco antes de llegar a Tirma saqué los bastones de la mochila y, al llegar al avituallamiento se estaba acabando el agua (que llegó en cuestión de 5 minutos, algo normal cuando para llegar a un punto de avituallamiento tienes que conducir por una pista de tierra). Se oyó algún comentario chorra como "Yo no he pagado tantos euros para que no haya agua..." y tal, pero yo, que vi cómo se acababa el bidón de agua y cómo llegaba en un furgón al cabo de unos 5 minutos doy fe de que pasó muy poco tiempo, así que déjense de chorradas. ¿Somos trail-runners o qué es esto?

En la pista de Tirma me gocé mi sandwich de crema de cacahuete, que me puso las pilas enseguida ¡Cosa rica, oiga! Hidratos, proteína, sodio... perfecto y comencé el ascenso hacia Altavista, tócate las narices. ¡¡¡Son sólo 2km, pero es una condenada pared!!!

El sendero entre Altavista y la carretera Tamadaba-Artenara resultó ser divertidísimo: un sube y baja de toboganes muy suaves, por sendero muy cómodo, entre pinos, que daba ganas de correr. Y eso hice. Allí recuperé algo de tiempo. En la carretera me encontré con que la organización había mandado un avituallamiento sorpresa de agua que nos vino muy bien y del que seguro nadie va a hablar (mucho criticar, pero cuando te ponen una ayuda no programada nadie dice nada, ¿No? ¬¬).

La subida del Brezo no se me hizo dura y mirando el reloj pude comprobar que mi plan de llegar a Artenara a las 6am ya era algo más que una utopía. Llegué a las 07:00. En el avituallamiento me reencontré con Guillermo y Eva y también vi a Juan Miguel y Wladi. Con ellos salí de Artenara, ya con el frontal apagado en dirección Juncalillo y Fontanales. La idea inicial de llegar a Fontanales antes de la salida de la Trans Advanced (8:00) era algo casi imposible de realizar.

El sendero hacia Juncalillo, es muy corrible y me dí un gustazo soltando patas y mirando los colores del cielo en el amanecer, hasta que sonó el despertador en forma de piedra y mis rodillas se fueron al suelo. a la mierda mi intento de acabar 4 carreras sin caerme. De momento van sólo 3. Procuré seguir corriendo ya que las piernas me lo permitían y así se fueron calentando. El dolor de la caída desapareció y sólo me preocupé de trotar y no quemarme en las subidas. La carrera empieza de verdad en Teror.

El camino entre Juncalillo y Fontanales fue un gustazo, bajadas divertidas, zonas rápidas, subidas cómodas para caminar y buena compañía. Lo mismo que ente Fontanales, Valsendero y Teror. La anécdota de la carrera: Llegando a Valleseco, a la salida de una curva, justo donde acaba un sendero estrecho y llegas a una pista de cemento, dos tipos nos paran para pedirnos... (prepárate) ¡Un autógrafo! Pero oye, a todos, eh? ¡¡¡Nunca me habían pedido un autógrafo!!! Y el tipo va y nos espeta "Buah! Tenías que haber visto como pasaron por aquí los primeros!!! ¡¡¡Sobre todo el Metallica (Timmy Olson)!!! Ños, ese cogió la curva esta y se marcó un punteo!!! JAAAAAAAJAJAJAJAJAJAJAJAAAAA XDDDDDDD #EpicLOL, momentazo de la carrera. ¡Chacho! Si hasta me quitó las fuerzas para seguir corriendo. "Se marcó un punteo", dice!!! Épico.

Dejado atrás al colega de los punteos y a su Tropi (todo sea dicho), continuamos nuestro camino hacia Teror, donde llegamos a las 11 de la mañana. Me digo "¡¡¡Bien, sólo una hora por detrás de mi plan!!!", pero ya me empiezo a encontrar algo bajo de energías. Me avituallo con Juanmi y Wladi, cargo Hydrixir y comenzamos el ascenso hacia el Talayón. Comienza a hacer calor.

Talayón y el error de cálculo

La ascensión al Talayón es dura, divisible en varias partes diferenciadas. El inicio es por unas escaleras entre casas, a las afueras de Teror, que te llevarán hasta la Carretera GC-41 que conecta esta localidad con la Vega de San Mateo. Después de caminar cuesta arriba unos 200 metros por la carretera, cruzamos y nos adentramos por otras escaleras que serpentean entre dos casas y que se convierten en un sendero entre eucaliptos. La pendiente crece mucho y en poco tiempo ya hemos aumentado la altitud. El sendero es precioso y muy visual ya que discurre a lo largo de un lomo, cresteando , lo que nos permite ver ambos barrancos, toda la Villa de Teror a un lado y el barranco de La Agujereada por el otro. La Agujereada es una gran roca con un arco a través del cual pasa un sendero, pero ese no es nuestro camino, debemos ascender en dirección a la Cruz de la Hoya Alta (sí, esa que se ilumina en las Fiestas del Pino). A partir de aquí, la ascensión se vuelve una repetición de rampones y llanos, rampones y llanos. En la Cruz de la Hoya Alta, un magnífico mirador de Teror y los alrededores, noto un bajón de tensión y me tengo que parar. Les digo a Juanmi y a Wladi que sigan su camino, no quiero retrasarles ni un minuto. Me adelanta un pequeño grupo de corredores, me pongo en pie y decido continuar el camino despacio para ir recuperándome a medida que avanzo metros hacia la meta.
Sin darme cuenta, el sudor de los 58km que ya llevábamos en las piernas se había ido acartonando en el short y me había empezando a rozar el interior de mis muslos, que no son precisamente de maratoniano. Si bien mi rendimiento se recuperó y el cansancio se redujo mucho por haberme metido un par de geles salados (aprovecho para decirle a los responsables de Overstim·s que al gel salado de cacahuete le podrían poner un puntito más de sal, como si fuera crema de cacahuete y lo bordarían), el simple hecho de caminar se convirtió progresivamente en un esfuerzo titánico por no abandonar. Y todo porque mover una pierna por delante de la otra me producía una quemazón brutal. Poco a poco, el roce del short ya me había dejado totalmente "sollado". A la altura del avituallamiento del Talayón ya no podía caminar bien, tenía que hacerlo "como los niños cagones", abriendo las piernas para evitar el roce, pero ni con esas, oye. Probé de todo, me puse vaselina (a manos llenas) tres veces, caminé con los muslos pegados, como un pingüino, con los muslos separados, nada. Había entrenado llevar sólo el short (sin FourQuad de Compressport -ya hablaré del tema en otra entrada, ahora no es momento) y como no había tenido problemas, pues me confié. Error. Los había entrenado en distancias de hasta 50km y, ya en el Talayón, te ves en el PK64 y el short se convierte en un papel de lija. Me eché agua por encima para disolver un poco la sal del sudor, volví a ponerme vaselina en las rozaduras, pero nada, la sensación (y no exagero) era como ponerme una plancha en los muslos. Si mi paso tras la Cruz de la Hoya Alta se había ralentizado, a partir del Talayón fue un infierno. Llegué a la Cruz de Tejeda como pude y me encaminé a uno de mis descensos favoritos, con la impotencia de no ser capaz de correr. 

Laguna mental

La bajada desde la Cruz de Tejeda (realmente, Degollada de Constantino, lo de la cruz es porque hay allí una cruz de piedra "mu bonita") hacia Tejeda por la finca de La Isa es una de mis bajadas favoritas. Normalmente, en entrenamientos, tardo unos 25 minutos en llegar a las primeras casas de Tejeda. Sé que en una carrera corta puedo tardar unos 20 minutos y que en un ultra, como es nuestro caso, tardaría más o menos lo mismo que en entrenos: 25 ó 27 minutos. La Transgrancanaria 2014 pasará a la historia de mi memoria como el día en el que tardé 1h16' en llegar a Tejeda desde la Cruz homónima. Ni haciendo senderismo había tardado tanto. Me arrastré cuesta abajo. Sufrí mucho. Lo único que me alegró el camino fue encontrar en la finca de La Isa a mis amigos Heidi y Floren. 

Recuerdo llegar a Tejeda, en medio de un calor abrasador y sentarme en el avituallamiento para volver a ponerme vaselina y mojarme un poco con agua la zona lastimada. Allí, en el PK71 pensé incluso en retirarme, pero claro, miré hacia arriba, vi el Roque Nublo sabiendo que la distancia no es demasiado grande y que después del Roque Nublo llega Garañón, donde me esperan mis lycras cortas. Me avituallé bien, volví a cargar hydrixir y me encaminé hacia el barrio de La Culata. 

A partir de este punto, entro en una especie de nebulosa mental. Me concentré en poner un pie delante del otro hasta llegar al Roque Nublo. Tanto me concentré que no recuerdo cómo llegué, sólo que tardé una eternidad en llegar. Quienes me devolvieron a la realidad fueron mis amigos de Neophron, Vicente, Mila, Ingrid y Max, quienes se encontraban en medio de una caminata del grupo de senderismo avanzado en dirección La Aldea de San Nicolás. ¡¡Qué tiempos!! 

Llegar al tablón del Roque Nublo y pasar el control de chips junto a "La Rana" fue un revulsivo. Para entonces, las rozaduras se habían empezado a cauterizar ellas solas y mi paso era algo más fluido. Bajé realmente despacio otra de mis bajadas favoritas, la que va desde la Degollada "de Emma Roca" (¿A que sabes a cuál me refiero?) hasta la base del sendero, junto al parking. Ahí comienza a la izquierda otro sendero que te lleva bordeando la carretera hasta el pequeño aparcamiento de la Presa de los Hornos. Poco después, ya con un paso algo más ligero, llegué al Campamento del Garañón, PK82 y fui directo a buscar mi bolsa, donde sabía que estaban mis lycras cortas.

Pude avituallarme, reponer mi bote de hydrixir, coger mi segundo sandwich de crema de cacahuete, mis geles, barritas, etc. Pedí permiso para salir de "La Catedral", que es como llamamos al aula grande que hay en el Garañón, para cambiarme y ponerme las lycras. Cuando uno está rozado en la parte interna de los muslos, junto a las ingles, y se pone unas lycras, la sensación es indescriptible, "mano de santo". Me volví a poner los shorts por encima de las lycras y me sentía como un hombre nuevo.

Como por ese entonces ya me dolían las plantas de los pies de tanto cambio de desnivel y de tanta zona técnica, decidí no cambiarme de medias de compresión, sino quitarme las medias, limpiar la planta de los pies, aplicar un poco de IcePower, quitarle a las medias toda la tierra que tenían, ponerme las medias limpias de la bolsa y, sobre éstas, las que ya traía desde la salida, con lo que se mejoraba algo la amortiguación.
Puse pilas nuevas al LedLenser, guardé mi material en la bolsa, cogí algo de queso del avituallamiento y me encaminé a la salida. Caminar ya no era un sufrimiento y me empecé a encontrar anímicamente muy, muy bien.

El resurgir

Al salir del Garañón ya sabía que en pocos minutos se pondría el sol y caería la noche. También sabía que mi proyecto de llegar en 22h era del todo imposible y que, como mucho, podría llegar a meta a las 4 de la madrugada, teniendo en cuenta la cantidad de horas que había invertido desde El Talayón hasta el Garañón. De hecho, en entrenamientos, sin ir "a cuchillo" había tardado 2h30' en llegar desde la Cruz de Tejeda hasta el Roque Nublo y, el día de la carrera, creo que tardé unas 6h aproximadamente. 

Comencé el ascenso por el cortafuegos del Pico de Las Nieves con ánimo y energía, tomándome un gel antioxidante y un Coup de Fuet, que me mantendría atento algo más adelante en el descenso por La Plata. Llegué al Pico de Las Nieves con muchas energías y me tiré al descenso, comprobando que ya no me dolían nada las rozaduras, ni las sentía y las platas de los pies no notaban las piedras del camino. Encendí el frontal porque ya era necesario y empecé a adelantar a otros corredores. Durante el descenso me encontraba cada vez mejor, podía correr, había una sonrisa en mi cara, notaba el fresco de la noche y la maravillosa sensación de libertad que te da el correr en medio de un bosque, con un sendero sin dificultad, que además conoces por haberlo entrenado miles de veces, y al ver que las luces rojas -que llevamos los corredores de la Transgrancanaria en la parte trasera- de los que iban por delante de mí se acercaban cada vez más. Por fin había superado el mal momento de Tejeda. Me daba rabia el haber invertido seis horas en recorrer una distancia que sabía que podía haber cubierto en 3 y eso me impulsaba a correr sin parar por el sendero hacia los Altos de Pargana. En medio del descenso por el Paso de la Plata me encontré con Kristina Tille, pareja de Andreas, una de las alemanas del grupo de cuatro que vienen a la Trans como parte de sus vacaciones desde hace cuatro años. Es una titana, muy fuerte, al llegar hasta ella le pregunté que qué tal iba y su respuesta fue como una losa "Sccchleeecht". Lo dijo despacio, con una cara que daba verdadera lástima. Se notaba en su rostro que lo único que quería era que se acabara ya ese suplicio. Y aún le quedaban más de 30km por delante.

Sangre y reencuentro

Llegué a la Cruz Grande sin dejar de adelantar corredores y comencé a bajar en dirección a Tunte por el Camino de Santiago de Gran Canaria. Cogí el teléfono móvil para avisar a Sarito de que aún tardaría bastante en llegar a meta y que fuera pensando en las 3am ó 4am como mi hora de llegada, pero que paradójicamente, me encontraba mucho mejor y que estaba adelantando corredores. Mientras hablaba por teléfono con ella, veo en el camino una gota de sangre, a los dos metros, otra y así, sucesivamente. Alguien debía de haberse dado una soberana galleta. Continué mi rápido descenso y llegué a Tunte con algo de energía, aunque también notaba que había gastado mucha azúcar por la velocidad. En el avituallamiento, sorpresón agradable, Guillermo y Eva, a quienes no veía desde que yo llegué a Garañón y ellos salían rumbo al Pico. Comí algo, bebí dos vasos de cola y decidimos continuar el camino hacia la Degollada de la Manzanilla juntos. En la salida del avituallamiento, otra sorpresa, María Barrera, nuestra amiga de senderismo y casi incondicional de los avituallamientos de la Trans, me dio un fuerte abrazo a la salida del de Tunte y recuerdos para Sarito. Grande, María, grande!!!! Con Guillermo y Eva había otra corredora, cuando me dí cuenta, otro sorpresón, Ulla Kaufmann, la pareja de Rolf, también del grupo de alemanes, a quien no había visto en la salida de Agaete. En ese momento, caí en la cuenta -al ver su dorsal- de que ella participaba en la prueba Advanced, de 82km. Estaba empezando a alcanzar a corredores de la segunda larga. Le dije que había visto a Kristina y que iba mal. A la postre, llegarían juntas a meta.

Saqué mi sandwich de crema de cacahuete y sólo le pude dar un par de mordiscos. En la ascensión hacia la Manzanilla comencé a pagar el cansancio y el descenso a Tunte, me sentía mareado y tuve un bajón muy gordo, todo el sendero se movió a mi alrededor. Eva me ofreció gominolas -pastillas de goma- y eso me subió el azúcar. Intenté darle otro mordisco al sandwich, pero era imposible, mi cuerpo se había cansado de crema de cacahuete (para el año 2015 el segundo sandwich tendrá dulce de leche y Nocilla® -nada de nutella, ¡¡Nocilla!!, que es producto nacional) y necesitaba cosas dulces. Me tomé la segunda mitad del gel Antioxidante y continué el ascenso. Al llegar a la Manzanilla, aproveché la parada para descansar un poco. Ya habíamos llegado al punto elevado del "descenso" (¡Bienvenido a la Trans!) y mi cuerpo aún estaba subiendo. A esas alturas de la carrera, ya estaba agotado. Muchas horas pateando y muchas más despierto. Con renovadas fuerzas, continuamos el ascenso y, al llegar por la pista de tierra a un punto donde comenzaba a picar hacia abajo, comencé a trotar, alentado además porque desde allí se veía Maspalomas, se veía el Faro, la recta del cauce del Barranco de Tirajana, se veía ¡¡La Meta!! Ufff, me eché a correr, corrí por la pista de tierra todo lo que pude en el descenso, miraba al cielo y veía las estrellas y, en un momento, pasó cruzando el negro fondo estelar una estrella fugaz de color amarillo que se perdió en la noche tras las siluetas de los pinos. En el descenso, me saludan, pero por el frontal no reconozco la cara y me dice "Dani, soy Tere" ¡Tere! Compi del C.D. Arista, andaba a buen ritmo pensando sólo en la ansiada meta de la Trans. La animé, me despedí de ella y seguí corriendo en persecución de las lucecitas rojas que tenía por delante. Tras una segunda ascensión hacia el Lomo de Garito, me enganché a un grupo que se encaminaba a la degollada del mismo nombre. El primero del grupo, un alemán muy alto, comenzó a bajar despacio, con dificultad, evidentemente los kilómetros no pasan en balde y el germano ya empezaba a crear un tapón y a retrasar a los que veníamos con mayor velocidad. En una de las curvas del vertiginoso descenso (suerte que lo hicimos de noche, porque de día se ven perfectamente los "patios" a los que te puedes caer si resbalas o tropiezas donde no debes), el alemán se hizo a un lado y aproveché para adelantarlo. Oí detrás de mí cómo otros dos tipos me siguieron los pasos en uno de los descensos más duros y descarnados del UTWT. Poco antes de llegar a Arteara me reencontré con José María Izquierdo y entramos juntos al avituallamiento de Arteara, a 30km de meta.

It's a Long Road

Conozco a Jose María desde hace muchos años, incluso del trabajo. Lo he visto en muchas carreras y sé que no es lento. Camina a muy buen ritmo y tiene un final muy fuerte. Sabía que si no me despegaba de él, podría llegar a meta antes de las 4am. Nos avituallamos y emprendimos el camino hacia las interminables pistas de tierra del Barranco de Tirajana. ¡¡Caray, cómo caminas, Jose!! Claro, con algo más de 1'80cm de estatura, la zancada de Jose María me obligaba a imprimir un ritmo fuerte y a bastonear con ganas para no perder comba. La ruta por las pistas de tierra fue un recital suyo recogiendo cadáveres. En las cuestas abajo trotábamos adelantando a los que sólo podían caminar. Así, con un ritmo fuerte para las horas que llevábamos dándole a la zapatilla, llegamos al avituallamiento de La Machacadora, a sabiendas de que sólo faltaban 8km para llegar a meta. Casi no paramos, yo bebí dos vasos de cola -que ya me empezaba a dar arcadas- y cogí dos buenos puñados de frutos secos para recuperar sales y no decaer. Es muy chungo cuando una bebida te produce aquello que se supone que impide. Sabía lo que iba a ocurrir al llegar a meta. Lo que no quería era que sucediera EN la meta. Da una imagen muy mala.

Poco después de la Machacadora, entramos en el largo, largísimo, eterno cauce del Tirajana. Cuando en las Trans de hace más de dos años empezábamos por ese cauce, no nos dábamos cuenta de lo largo que era ni de lo incómodo que resulta correr por su irregular superficie. Cuando llevas 120km en las piernas, es un infierno. De todos modos, procuramos pasar de la mejor manera por debajo de los nueve puentes que lo cruzan, sabiendo que, con paciencia, llegaríamos a la escalera que nos conduciría al paseo. Cuando por fin llegamos a ese punto, subir siete escalones no fue nada fácil. Llegamos al paseo y nos echamos a trotar para perder el menor tiempo posible.

Terminamos el paseo y ya sabíamos que la meta estaba delante de nosotros, aunque aún no la viéramos, llegamos a la altura de la Charca de Maspalomas y me encuentro con Estrella, entrenadora y corredora del Club Arista que me felicitó y me animó. Entramos en la zona de arena, rodeamos el Faro de Maspalomas, echamos de menos el sonido de música de meta y la voz del speaker, y encaramos la línea de meta. Le digo a José María que pase delante de mí, porque ha sido él el que ha venido marcando el ritmo desde Arteara. Pasamos sobre la última alfombra de chips y entramos en meta de la mano.


META!!!!! Por fin!!! Por fin, meta!!!! 27h26'17", son casi las 3:30am y estoy muy feliz porque sé que he entrenado mucho y bien, sé que la minutada ha sido por culpa de un "experimento" con el short y sé que mi plan de alimentación en la carrera estaba bien ideado. También sé que, de no haber tenido problemas de rozaduras, podría haber llegado a meta en 23h o menos, que era mi plan.


Otra Transgrancanaria más y ya van 4 largas (2010, 2011, 2013 y 2014) y 2 Sur-Norte (2009 y 2012)




Aprendizaje clave para Lavaredo Ultra Trail®: Salir con lycras desde el km 0, sandwich salado al principio y sandwich dulce al final. Gominolas para los últimos kilómetros y llegar con piernas a la parte final. Ah, y parar poco en los avituallamientos.






¿Que cuál era mi plan de alimentación?
Ea, aquí va:
 P.d.: Ah, al final no llegué a vomitar nada. Estómago to-tal-men-te vacío.



lunes, 12 de marzo de 2012

The North Face® Transgrancanaria 2012 - La unión hace la fuerza

La constancia tiene su premio

El viernes 2 de marzo, Sarito y yo despertamos sabiendo que ese día, a las 22:00 saldríamos en las guaguas de la organización en dirección a la Playa del Inglés, al sur de Gran Canaria, para tomar parte en una carrera por montaña que tantas alegrías nos ha dado. Para mí, sería mi 5ª participación en la Transgrancanaria y para Sarito, sería su 6ª participación. Sin embargo, en esta ocasión, sería para los dos una carrera diferente.
Para Sarito, sería su primera participación en una carrera de 96km, con salida a las 00:00h y un desnivel total acumulado de 8200m. Para mí, sería mi 2ª participación en esa distancia, pero esta vez mi misión era acompañar a Sarito y ayudarla en todo lo posible para que alcanzase la meta.
En los entrenamientos, Sarito había demostrado que también puede subir muy bien. Algo sucedió el sábado, que la primera ascensión ya se le empezó a atragantar. Pero empecemos por el principio.
Nuestro “equipo” estaba formado por Sarito, por Mª Luisa Ferrera y por mí. Después de reunirnos con la familia que vino a vernos a la salida en Playa del Inglés, pasamos por el control de chips y bajamos a la arena de la playa, situándonos más o menos, cerca de la cabeza para no salir demasiado atrás. Ya tendrían tiempo los demás de ir adelantándonos y tampoco quisimos salir delante del todo para no ser un obstáculo a los más rápidos. El ambiente en la salida de la Transgrancanaria es indescriptible. Vemos caras conocidas, extranjeros que repiten por 3ª vez en esta carrera, “pros” y un montón de amigos, compañeros de fatigas y kilómetros que, en una isla tan pequeña como la nuestra ya nos conocemos todos.
Puntualmente, a las 00.00h, se dio la salida a la prueba en sus distancias 96 y 123km. En medio de un grito general, empezamos a trotar por la orilla de la playa. La pleamar había tenido lugar a las 21:05h, así que la marea llevaba 3 horas bajando y seguiría así hasta las 3 de la madrugada. La arena, por tanto, no estaba lo suficientemente dura como para hacer un tiempazo en la orilla, pero se podía correr con comodidad. En 33’ nos pusimos en el paseo del Faro y nos llevamos la primera sorpresa. Por alguna extraña razón, nos llevaron por las calles de atrás para acabar conectando con el paseo a la altura del restaurante Samsara (por cierto, aprovecho para recomendarlo. Qué bien se come allí –eso sí, no vayas con prisas, es un restaurante para disfrutar del tiempo, de la compañía y de la comida- dicho queda porque lo merece).
Sarito decidió que quería seguir trotando por el paseo hasta que nos desviaran hacia el cauce del barranco. La verdad es que hicimos una primera sección de escándalo. Íbamos a un ritmo realmente bueno, sin cansarnos y trotando sólo en los lugares donde era cómodo par Sarito. A Luisa la habíamos dejado atrás en la playa, pero como ella sube como un avión, sabíamos que tarde o temprano aparecería por detrás (y así fue, tiempo al tiempo).
Llegamos a la pista de la machacadora (junto al acueducto de Fataga que, por desgracia, poca gente admira) y empezamos a caminar a buen ritmo para acercarnos progresivamente al Caserío de Gitagana. He de reconocer que esa parte se me hizo algo más larga que de costumbre. Quizás porque el ritmo al que yo estoy acostumbrado a hacerlo es más elevado. A lo lejos, se veían los frontales de los corredores que ya discurrían por la Pista de los Gallegos (la que conecta Arteara con Ayagaures). Cuando llegamos al primer control de chips, justo en la intersección y entrada a la pista antes mencionada, se veían pocas luces por detrás, lo cual nos indicaba que la mayor parte del grupo iba por delante. Cuando ya íbamos por la pista llegó Mª Luisa por detrás y continuamos el camino juntos. En medio de la pista, comenzamos a alimentarnos comiendo un trozo del pastel Gatosport® de la marca Overstimms® con sabor plátano y chocolate, que yo había preparado en casa de mis padres (ellos tienen horno y nosotros sólo microondas) y que nos supo a gloria. Hay que reconocer que sabía bien y que, encima, el análisis nutricional indica que para 100gr, sólo 7gr son de lípidos y 68gr de carbohidratos.

Análisis nutricional medio
Para 100 g *
Por porción (1/3 GATOSPORT) *

Valor energético kcal/kJ
400/1675 a 430/1800
520/2178 a 560/2340
Proteínas
13 g a 15 g
17 g a 19,6 g
Carbohidratos
66 g a 74 g
85,9 g a 96,2 g
Lípidos
7 g a 12 g
9,1 g a 15,6 g
vitamina B1
0,8 mg a 1,1 mg (57% to 79% **)
1 mg a 1,4 mg (71% to 100% **)
Sodio
137 mg a 380 mg
178 mg a 494 mg
Calcio
130 mg a 175 mg (16% to 22% **)
169 mg a 228 mg (21% to 28%**)
Magnesio
97 mg a 115 mg (32% to 38% **)
126 mg a 150 mg (42% to 50% **)

Al cabo de un buen rato, ya el ritmo había bajado y no trotábamos por donde teníamos que haberlo hecho. Sea como sea, llegamos a Ayagaures cuando ya quedaba poco agua en el camión cisterna que el BRILCAN había tenido a bien proporcionar a la carrera.
Sarito no quería parar en Ayagaures porque tenía mucha agua aún en los bidones. Yo, sin embargo, la obligué a parar y a repartir un sobre de Recuperat-ion® entre sus dos bidones. Lo que nos esperaba por delante era una ascensión a través del Pinar de Trujillo hacia la Degollada de la Manzanilla, en plena madrugada. Eso significa, esfuerzo, sudor y frío.
Cuando estábamos cerca del Pino de la Lajilla, ya no hacía falta utilizar el frontal. Nos amaneció en medio del Sendero del Diablo (desconozco el por qué de ese nombre, pero es así como lo llaman) y en ese momento aún podíamos ver a lo lejos, por los senderos que conducían hacia Chira, los destellos de los frontales de los corredores de 123km.
A las 8:00 llegamos a Tunte y Sarito ya mostraba ciertos síntomas de cansancio. No es para menos, el avituallamiento de Tunte está en el kilómetro 44 de carrera. Allí no nos detuvimos mucho. Nos avituallamos bien y comenzamos el ascenso hacia la Cruz Grande. Poco a poco fuimos subiendo y ya Sarito no tenía la misma “alegría” en las piernas. Su andar era cansino y subía muy despacio. Llevábamos una hora de margen con respecto al límite horario de Tunte, así que no había razón para preocuparse, pero todavía quedaba por delante mucho camino, la cosa empezaba a pintar.....no muy bien y, en la ascensión, le dijimos a Mª Luisa que, si ella se sentía con fuerzas, que subiera a su ritmo y que ya intentaríamos cogerla en la bajada, que no se le da tan bien. Evidentemente, ella tiró hacia delante a su ritmo y pronto desapareció de nuestra vista. Llegamos a la Cruz Grande donde nos esperaban Begoña y Margara, de Arista. Continuamos hacia el Paso de la Plata siempre al ritmo de Saro. La subida por los rampones de La Plata se le hicieron muy cuesta arriba a Sarito y yo tenía que medir muy bien mi ritmo porque si caminaba un poco a mi paso normal, ella desaparecía y tenía que esperarla un buen rato hasta que aparecía. Ella, cuando llegaba a mi altura me decía “¡Jo, Dani, vaya cara de mascado (aburrido) que tienes!” Yo le respondía que no estaba aburrido, sólo procuraba que ella no bajara el ritmo para no ver una cosa redonda con dos agujas corriendo detrás nuestra diciendo tic-tac-tic-tac.
Cuando estábamos a punto de llegar arriba, a la zona de las presas de Cho Flores, se nos acercaron por detrás dos chicos que nos preguntaron si faltaban muchas curvas más. Yo les respondí que unas cinco o seis y se les vino el mundo encima.
En los Llanos de Pargana, Saro pudo recuperar algo de las energías perdidas y en poco tiempo llegamos a la Degollada de Los Hornos, donde las dos distancias largas se reencuentran. Poco después, ya nos adelantaba uno de los titanes de la larga, que llevaba en las piernas en ese momento unos 27 kilómetros más que nosotros. ¡Qué nivel! Mientras ascendíamos al Pico de Las Nieves, nos siguieron adelantando algunos máquinas de la prueba reina y, llegando a la base del Pico, una de las sorpresas más agradables del día: sobre una roca, con las dos muletas al lado, Vissen Sosa nos esperaba para darnos ánimos y, como siempre, muy buenos consejos. Sarito le dijo que estaba muy cansada. La respuesta de Vissen fue típica en él: “Chica, es que si llegas aquí y me dices que no estás cansada.... ¡No sé que decirte!” Efectivamente, ya Sarito y yo llevábamos en las piernas unos 52km.

La parada del Garañón se alargó casi una hora, pero es que el plato de pasta con salsa estaba delicioso y yo preferí cambiarme de ropa. Sarito, en principio, era un poco reticente a cambiarse, pero como descubrió un “tomate” en uno de sus calcetines, decidió que, ya que se iba a cambiar esa prenda, también se cambiaba de maillot y licras. Al salir del Garañón, habíamos recuperado fuerzas y nos lanzamos trotando hacia la Cruz de Tejeda. Yo miraba para detrás y veía que Sarito seguía el ritmo y, aunque no corría mucho, tampoco perdía distancia. Bajamos con cuidado hacia Cueva Corcho y seguimos hacia Madrelagua. Entretanto, nos llega por detrás Laura Barrera que iba aun  ritmazo tremendo y poco después, Pepe, de Arista, que me dice que detrás de él viene Goyo un poco tocado de piernas. Aún así, nos adelanta en las Rosadas y continuamos con él por Los Llanos. Poco a poco nos acercábamos a Teror y ya sentíamos la meta más cerca aunque  a Sarito le martirizaba un poco la subida a Osorio. Yo le recordé que en el entrenamiento, la hicimos en 20 minutos desde la casa hasta la acequia. Llegamos a Teror y nos metimos en el avituallamiento. Allí perdimos más de media hora en un avituallamiento que no debía demorarnos más de 5 minutos, pero es que nos encontramos con Juan Bonilla que estaba un poco preocupado por la segunda noche. No era tarde, pero sabía que si no corría muy mucho, la noche se le echaría encima antes de llegar a Los Giles. Salimos los tres de Teror y comenzamos el camino hacia Osorio. Al llegar, Bonilla se marchó para delante y yo le dije a Sarito que quería subir hasta la acequia a ritmo fuerte y que la esperaría allí. Ella me dijo que sí y apreté el paso para llegar en 16’. Arriba, saludé a los cuatro corredores a los que adelanté en mi puntual acelerón y pregunté que qué tal iban. Uno de ellos me respondió “Será por cuestas!” Creo que en la península, todavía hay quien cree que esta isla es un mar de arena y palmeras. ¡Pobre infeliz! Bienvenido a Gran Canaria, niño, nuestra isla “sólo” mide 1949m de altura, pero para llegar hasta arriba te esperan unas buenas cuestas y profundos barrancos, que tenemos 10 millones de años de antigüedad.

En fin, que Saro llegó arriba cansada pero sin resoplar, guardando fuerzas. En la bajada hacia Los Castillos, le propuse trotar un poco, pero no podía, así que preferí esperarla. Así, continuamos por la carretera que asciende al Picacho (Estación Radionaval de la Marina) y nos adentramos por Rosiana. Haciendo cálculos, sabíamos que la noche se nos echaría encima en medio del barranco de Tenoya, pero al menos podríamos entrar allí de día. Llegamos a Santidad y bajamos hacia el dichoso pedregal. Al llegar abajo, le dije a Sarito que yo necesitaba apartarme un momento en dirección contraria, porque sentía la llamada de la naturaleza. Tantos geles, barritas energéticas y sales minerales habían adelantado la parada técnica. Suerte que llevaba papel! Nunca olviden llevar pañuelos de papel a una carrera de montaña!! Nunca se sabe para qué los necesitarás!!

En el barranco, unos 100 metros antes de llegar al puente de Tenoya, tuvimos que encender los frontales. Delante de nosotros caminaba una chica con pinta de guiri, que resultó ser una británica máster 50 de la carrera de123km. Fuimos un buen rato con ella, toda la segunda mitad del barranco hablando en inglés y nos comentó que una amiga de ella había corrido el año pasado y que la animó a correr la Transgrancanaria de 2012. Al parecer, fuera de nuestras fronteras, la Transgrancanaria es considerada una de las pruebas de ultrafondo más técnicamente duras que hay. Estoy de acuerdo, la de 123km es muy dura, sobre todo si la haces para conseguir un buen tiempo.

Cuando terminó el barranco de Tenoya, ya Sarito y yo sabíamos que íbamos a llegar. Tuvimos que llamar a la familia, porque nuestra previsión de llegar a las 20.00 se había esfumado hacía un buen rato y la previsión actual era la de llegar a las 21:30.

En Tenoya nos paramos también cerca de 15 minutos. Excesivo para lo poco que nos quedaba. Bajamos de nuevo al barranco y continuamos en dirección a Los Giles. La ascensión fue muy buena, Sarito, que había guardado fuerzas, apretó un poco y cuando menos nos dimos cuenta, ya estábamos en la recta de arena, la última cuesta arriba antes del descenso hacia la meta. Allí le dije a Sarito que tuviera cuidado con la bajada porque no nos habíamos caído hasta entonces y no era cuestión de hacerlo en ese momento. De repente, horror, el frontal de Sarito se queda sin pila. Para ser un súper frontal Petzl® Myo y llevar pilas de litio Energizer®, su autonomía no fue una maravilla que digamos. Yo aún llevaba mi LedLenser® con las pilas de salida y con la pestaña a media potencia se veía aún perfectamente. Creo que Saro prefiere mi frontal al suyo. Y el mío es 40€ más barato!!!

Con todo, Saro aceleró junto a la “finca de los perros” (donde ya no hay ni finca, ni perros) y poco después enfilamos la bajada por asfalto, oyendo a lo lejos al speaker de meta. Ya se veía perfectamente las luces de la playa y el Auditorio Alfredo Kraus. Le dije a Sarito “Muy bien, Sarito, te lo vas a hacer, te estás convirtiendo en una finisher de la Trans!!” Ella me dijo que había sido muy duro.
En la bajada, oímos cómo unos corredores de la larga se acercaban por detrás y Saro decidió acelerar a ratos para que no nos alcanzaran ¡Picada! Y así hicimos. Tramo a tramo llegamos hasta el Filo del Cuchillo, una especie de degollada desde la que se puede ver la carretera del norte e incluso el arco de meta, con el reloj y todo. Ahí ya casi puedes decir que lo tienes hecho, ya has visto la llegada y eso anima más.

Llegamos al llano de las naves industriales y trotando nos acercamos al “puente de Las Arenas”. Cruzamos la carretera del norte con la ayuda de la policía local y en cuanto pisamos los adoquines rojos del paseo de Las Canteras, Saro se emocionó, oímos a la familia, los gritos, pasamos bajo la alfombra pre-meta que permite al speaker anunciar nuestra llegada y corrimos, corrimos como no lo habíamos hecho en 22 horas, Sarito aceleró, quería llegar, giramos a la derecha y vimos delante nuestra la meta, la ansiada meta estaba allí delante. Juntos, de la mano, corriendo, Sarito y yo subimos la última rampa, la última cuesta, la más cómoda, la más reconfortante. 22 horas y 01 minuto para cruzar la isla de Gran Canaria de sur a norte. Enhorabuena, Saro. Ya eres finisher de verdad de la Transgrancanaria Sur-Norte!!!!!!!

Desde aquí, Saro y yo queremos agradecer a todas las personas, conocidas o no, que nos animaron durante toda la carrera y a quienes han hecho posible que esta carrera haya crecido tanto y tan bien. Tengo entendido que durante un periodo de 1 hora no hubo agua en Tenoya. Bueno, a algunas personas habría que recordarles que el agua de un avituallamiento es sólo para beber y no para refrescarse la cabeza –esto que acabo de escribir, lo vi el viernes en un vídeo grabado en Tenoya. No se puede permitir que alguien malgaste el agua así y si se permitió a uno, seguro que se permitió a más. Para refrescarse la cabeza están las cubas con hielo donde se guardan las botellas de refresco. De todos modos, también es verdad que 1 hora sin agua en Tenoya (donde hay comida, naranjas, plátanos, refrescos de cola, etc.), a 8 kilómetros de Meta, no son comparables a no encontrar agua en El Aserrador – G.C. Challenge 2010- (donde sólo había posibilidad de agua) a 8 kilómetros del parking del Roque Nublo, a cincuenta y pico kilómetros de meta, con 36ºC. No, lo siento, pero no es comparable en absoluto.