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lunes, 26 de septiembre de 2011

UTMB'11 Ep.5 De la Arista Mont Favre a Courmayeur - Vuelta a la calma

Desde que dejo atrás el Lago Combal y me acerco al inicio del sendero que asciende hasta la Arista Mont Favre, como bastante y bebo mucho agua con sales. Durante el Tour du Mont Blanc, esta subida se nos atragantó un poco y me preparo. Subo a buen ritmo y la temperatura empieza a subir. Al principio, subo solo, pero poco a poco me voy acercando a un grupito que asciende algo más despacio. Estoy deseando llegar a Courmayeur y sé que sólo me queda llegar a la Arista y bajar atravesando Col Checruit. Echo un vistazo arriba y veo perfectamente las dos cabinas transparentes de la organización en el final de la ascensión. La subida a la Arista del Mont Favre no reviste especial dificultad, el firme está muy bien y las vistas sobre el Vall d’Aosta son preciosas. Al llegar arriba, me pasan la máquina por el chip y me imagino que a Sarito le ha llegado el mensaje sms diciéndole dónde estoy. En la bajada, me lanzo hacia un grupito que veo más adelante y, poco después de la zona de las marmotas, justo antes de que el descenso de incline más en la entrada del Refugio Maison Vieille, les alcanzo. Entro en el refugio y me paro un momento a hablar con Giacomo, el dueño, un tipo singular y afable al que conoce todo el TMB y que se acordaba de mí, por haber estado alojados allí una semana antes. Me bebo un vasito de cola, cojo un trozo de queso y me lanzo al súper descenso hacia Courmayeur.
La bajada es muy técnica, rápida, muy rápida, pero que exige mucha atención y buenos reflejos. Me uno en el descenso a un alemán que, en principio, baja a la misma velocidad que yo. Durante la bajada, adelantamos a varios corredores y, en una curva, un señor me da ánimos “bravo, bravo, bon courage”, le respondo “merci” y me responde “merci a vous pour sourire” (gracias a ti por sonreir). Increíble ¡La de cosas que vive uno en una carrera de estas!
En una zona más rápida del descenso, me alejo de mi compañía germana y sólo pienso en reencontrarme con Saro. Al llegar al parque infantil de Courmayeur, llamo a Sarito par decirle dónde estoy y ella me dice que me está esperando. Cruzo las empedradas calles de la parte vieja de la ciudad y llego al Centro Deportivo Dolonne, donde me esperan Sarito y mi bolsa con el cambio de ropa. Afortunadamente, en la localidad italiana hace calor y recuperamos temperatura. Según voy llegando, un miembro de la organización mira mi dorsal y rápidamente, grita mi número para que otro miembro de la organización busque la mía entre los miles de bolsas que tienen allí. Cojo mi bolsa, saludo a Sarito y me meto en el pabellón para cambiarme la camiseta, el maillot y las medias.
Aquello parece un hospital de campaña multicultural, se oye “parlar” catalán, alemán, inglés, americano, francés, italiano, español...de todo. Paso bastante tiempo cambiándome, aprovecho que en la bolsa metí una toalla técnica y me seco el sudor, seco las zapatillas por dentro y, como para entonces ya andaba yo “sollado” (con rozaduras en la zona de las ingles) valoro el no cambiarme las licras porque no quiero ver el desastre que debo tener ahí abajo. Simplemente, meto las manos en la licra, tiro de los ForQuad® hacia arriba, me ajusto bien la licra y meto la ropa usada en la bolsa. Rebusco y encuentro las barritas y las sales y las meto en la mochila. Busco las pilas nuevas y se las pongo al LedLenser®, que me harán mucha falta en la segunda noche, que nos la comeremos enterita. Veo el mp3 en la bolsa, lo miro, pienso y no lo cojo. Nunca me ha gustado correr con música en los oídos. Lo bueno que tienen las carreras por montaña es que la propia carrera tiene su música: los pasos, el sonido de las zapatillas, el agua en los bidones, los pájaros, los chillidos de las marmotas, los ánimos del público, el viento, los grillos, las cigarras…el Ultra Trail del Mont Blanc tiene su banda sonora propia y prefiero quedarme con ese sonido en la memoria. Cierro la bolsa, me levanto y pido un plato de pasta sin salsa que devoro en un minuto. Mientras como, un señor que tengo a mi lado me pregunta “¿Has recibido el sms con el cambio de recorrido?” y mi mente piensa “Errrr….¿Cómo?”, miro el móvil y, efectivamente, ahí está el mensaje: “Info UTMB: cambio de trayecto después Champex, Bovine inaccesible en respuesta a los daños del maltiempo de ayer. Trayecto desviado por Martigny. 170km, 9700D+” Esto significa lo siguiente: al parecer, el tormentón que nos comimos la noche del viernes, dejó muy perjudicado el sendero de Bovine y la organización, nos manda bajar a Martigny, desde donde deberemos subir no sé aún a dónde y aumenta el kilometraje hasta los 170km y el desnivel positivo acumulado en 200m hasta elevarlo a los 9700. Pues vale, qué le vamos a hacer, a moverse, que llevo un buen margen horario y quiero dormir 20’ en Bertone. Pido un vaso de sopa y mientras me lo bebo, salgo, me encuentro de nuevo con Sarito que me acompaña unos metros y salgo en un andar cómodo hacia las rampas de Bertone bajo un sol que ya empezaba a calentar…un poco demasiado.

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